Con nuestro buen amigo René León, editor de "Nuevas Páginas", "Círculo Poético", "Minerva" y "Pensamiento"; él mismo ensayista, historiador y bibliógrafo, comienza una cooperación sui generis que no dudamos será del agrado de nuestros visitantes así como enriquecedor para todos.

 

 

 

 

 

 

LOS FUSILAMIENTOS EN CUBA EN TIEMPO DE LA COLONIA
Segunda Parte



    Como dije en la primera parte, en el tiempo de la colonia, el FUSILAMIENTO, fue una cosa normal por parte de las autoridades, ellos estimaban que era una forma de asustar a los cubanos para que no lucharan contra el colonialismo español. Otros de los castigos, fueron los maltratos y las deportaciones a las prisiones de África.
    Hay que recordar el fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea, fusilado por los españoles, en el castillo de la Cabaña, el 25 de agosto de 1871. Y muchos más pagarían con su vida. La Expedición del vapor “Fannie” que traía hombres y armas para los revolucionarios cubanos, fue apresada en el Departamento Oriental, en julio de 1872. El coronel Valera, que apresó a los expedicionarios pasó por las armas a 29 prisioneros , entre ellos al práctico capitán Ángel Torres, a Manuel Oliva, a dos tenientes, y el secretario de Julio Peralta. Se reportó que tenían cercado a 22 prisioneros, que se esperaba que pronto caerían en poder de los españoles. El coronel Valera capturó numerosa correspondencia a los revolucionarios. El cargamento del vapor “Fannie” (filibustero), fue traído a Santiago de Cuba, el que los expedicionarios habían enterrado.
    En toda Cuba se vivía con temor. Los voluntarios por cualquier motivo realizaban ataques contra los cubanos, hombres o mujeres, para ellos era indiferente. En Manzanillo hubo un caso, donde un capitán de infantería en estado de embriaguez, mandó a fusilar y luego a machetear a doce civiles, sin motivo alguno.
    Pero un caso de verdadera injusticia fue el del Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina, todo por un incidente en Cayo Hueso, donde muere en duelo Gonzalo de Castañón, a manos de Mario Orozco, el 31 de enero de 1870. Su cadáver fue llevado a La Habana y los voluntarios provocaron incidentes callejeros atacando a los de origen cubano, muriendo siete cubanos y un norteamericano.
    El 23 de noviembre de 1871 un grupo de estudiantes de la escuela de medicina del primer año, asistían a las clases del primer año que se efectuaban en el anfiteatro anatómico, conocido por San Dionisio. Al ver un carro de mulas donde se transportaban los cadáveres, se pusieron a dar vuelta en el, que se encontraba en el antiguo Cementerio de Espada. Fueron acusados por un vil hombre don Vicente Cobas, que diría que los estudiantes habían rayado el cristal del nicho de don Gonzalo Castañón. La cobardía del catedrático don Pablo Valencia que se prestó a todo el rejuego de las autoridades españolas y la cobardía del gobernador Político Dionisio López Roberts, hombre sin escrúpulos, que pensaba sacar beneficio de la libertad de los presos, pidiendo dinero a las familias. El único que los defendió fue el catedrático don Manuel Sánchez Bustamante, que negó que los estudiantes habían profanado la tumba. El otro lo fue el capitán Federico Capdevila, que los defendió honestamente, sin manchar su reputación.
    A la una de la tarde del 27 de noviembre de 1871, el capitán don José Gener, abrió uno de los balcones del edificio del Gobierno Político de la Plaza de Armas, y en medio del silencio, leyó la sentencia: Fueron condenados a la pena de ser pasados por las Armas: don Alonso Álvarez de la Gamba, don José de Marcos y Medina, don Carlos Augusto de la Torre, don Eladio González y Toledo, don Pascual Rodríguez y Pérez, don Anacleto Bermúdez, don Angel Laborde y don Carlos Verdugo. El resto de los involucrados fueron condenados a años de prisión. Aquellos jóvenes estudiantes fueron fusilados por el único delito de ser cubanos.
    Al pasar los años gracias a las investigaciones de Fermín Valdés, se pudo conocer el lugar donde fueron enterrados. Al ser encontrados, se hizo una colecta entre los cubanos por suscripción pública, para levantar un mausoleo, y sus restos trasladados el 27 de noviembre de 1889. En el congreso del Círculo de Cultura Panamericano de 26 de abril de 1998, leí. “Hechos desconocidos Sobre los Estudiantes de Medicina Fusilados el 27 de noviembre de 1871”, donde aparece no sólo la descripción, sino también errores con respecto a sus nombres, en las diferentes placas donde se les honra y las fechas de nacimiento. Que aparece en Charlas sobre Cuba en tiempo de la Colonia (1868-1898)
    Otro de los grandes crímenes de los esbirros de la colonia española y que hoy en día los familiares quieren limpiar sus nombres, con datos falsos, como en el caso del gobernador de Santiago de Cuba, Juan N. Burriel y Lynch, por los fusilamienstos del “Virginius”, apresado en aguas de Inglaterra, pues Jamaica era parte del Imperio Inglés.
    Es verdad que el “Virginius” usaba la bandera de Estados Unidos en alta mar, estaba registrado en el país. Fue utilizado por la Junta en dos viajes con éxito, pero en el tercero, la mala suerte y el abandono en que se encontraba el vapor, exceso de armas y hombres, fue presa fácil del vapor de guerra español “Tornado”. Llevado a Santiago de Cuba, Burriel no perdió tiempo en ordenar los fusilamientos de los jefes de la expedición, y más tarde del capitán del “Virginius” y los expedicionarios, y de otro grupo de expedicionarios y marinos. En total fueron pasados por las armas 53 hombres, sólo por el odio que profesaba el gobernador Burriel, los Voluntarios y el archifamoso y centro de criminales como era el “Casino Español”, apoyados todos ellos y con el visto bueno del Arzobispo y la iglesia católica, que da pena. De nada sirvieron las protestas de los cónsules de Estados Unidos y de Inglaterra. Fue todo una burla. La llegada de la fragata de guerra inglesa “Niobe”, al mando del capitán Sir Lamton Lorraine, para por un momento los fusilamientos, y consigue que sean perdonados 13 ingleses y un francés. Pero es la llegada al puerto del valiente y héroe de la guerra Civil en Estados Unidos, capitán William B. Cushing, al mando de la fragata de guerra “Wyoming”, la que hizo que Burriel se decidiera a parar los fusilamientos, por las amenazas de Cushing “Albemarle” como era conocido, y días después de la llegada del “Kansas” y “Juniata”, hizo correr a Burriel a La Habana, para recibir nuevas órdenes. Tan valiente temía enfrentarse a las unidades navales americanas y a la “Niobe’.
    Se puede hablar de muchos Fusilamientos, pero estos demuestran el odio y la cobardía de los gobernadores militares en Cuba. Pero también hay que culpar al gobierno central y al reino, pues ellos daban visto bueno a todo.
    Muchas veces es triste recordar lo pasado a aquellos primeros luchadores de la libertad de nuestro pueblo, que sufre hoy una dictadura, tan mala o peor que aquélla.

 

 

Los fusilamientos en Cuba en tiempo de la Colonia


    En tiempo de la colonia, el FUSILAMIENTO por protestar contra la Metrópoli o conspirar, fue una cosa normal. Los cubanos pagaban con su vida cualquier movimiento de liberación contra España, eran encarcelados, enviados al destierro, o al cadalso. Tener ideas de independencia era ser enemigo de los jefes militares de partido. Los militares españoles solo buscaban enriquecerse, y chantajear a los cubanos prominentes.  Cualquier protesta de los negros, eran encarcelados y pagaban con el látigo su deseo de libertad.
    Pero hagamos un resumen de las primeras conspiraciones que hubo y, su desenlace final, que terminaba con la sangre de los mártires, cosa que no importaba en aquel momento, a las autoridades ni al clero español.
    El 19 de octubre de 1843 se hace cargo del Gobierno de la Isla, don Leopoldo O’Donnell, llamado “el leopardo de Lucerna”. Al dar comienzo su gobierno empieza a realizar cambios militares en Cuba, y se le informa de una conspiración que preparaban un grupo de negros y mulatos en La Habana y Matanzas, conocida entre otros nombres, como “Conspiración de los Negros”, “Conspiración de 1844”, “Conspiración de la Escalera” que es la más conocida. El gobierno de O’Donnell muestra al pueblo su mano dura como gobernante. Llevó el terror a todas partes en La Habana, Matanzas y alrededores. No había hogar de negros y mulatos que no fuera registrado. A algunos se les involucró por la sencilla razón de tener propiedades y dinero. Unos pagaron con la vida, otros perdiendo las propiedades. En una carta de don Domingo del Monte a Miguel Aldama, dice:”feliz ha sido Ud., que ha podido escapar de presenciar estos horrores y quizás de un tropel que lo hubiera perdido a Vd.. para siempre. Las cárceles rebosan de negros cabecillas de la Conspiración, sólo en Matanzas existen en cadenas 843 negros esperando la conclusión del sumario, de ellos los 7/8 libertos, y aquí el número también es muy grande y figuran en la lista Manzano, Blerely, Plácido, Brindis, Ceballos, y cuantos negros o mulatos hay de algún viso o talento...se les hace declarar o por mejor decir de hacerlos declarar es verdaderamente salvaje, se les aplica el látigo sin distinción de clases, libres o esclavos, pobres o ricos, y el azote inquisitorial les hace declarar la horrorosa conspiración...otros han sucumbido o muerto de pasmo o de gangrena, pues ha habido hombres que han recibido 1,600 azotes boca abajo.. a quien no horroriza estos es a ellos...”
    Al liquidarse la conspiración dio como resultado 87 condenados a muerte, 917 condenados a presidio, 334 a extrañamiento, 17 a golpes de azote, más de tres mil detenidos que sufren horrores del procedimiento.
    El grupo expedicionario del general Narciso López sale de Nueva Orleans el 11 de mayo de 1850, con rumbo a los islotes de Conzumel, y de allí seguir hasta Cuba. La formaban 558 hombres de diferentes nacionalidades, con una sola idea, liberar a Cuba del yugo español. Desembarcan el 18 de mayo de 1850 en Cárdenas, cerca de la ciudad de Matanzas, se dividen en dos grupos, uno con rumbo a Matanzas a la estación de ferrocarril , para controlar el movimiento de pertrechos, y el otro a la Cárcel, siendo tomada en un ligero combate. El primer cubano que es herido y vierte su sangre por la libertad de Cuba, lo fue, Ambrosio José González, en combate. Al ver el general Narciso López , el fracaso de la expedición y el poco apoyo del pueblo, se retira hacia Estados Unidos, y desembarca en Key West. Los fusilados en Matanzas que fueron apresados por las fuerzas españolas, el 25 de mayo de 1850, en las faldas del Castillo de San Severino, fueron: Thomas Williams y George Wamen, de nacionalidad inglesa; William Kelly, irlandés y George Campbell, escocés, que habían sido apresados en Cárdenas, y el cubano Bernardino Hernández. Al momento de retirarse López se fueron con el siete negros esclavos y 25 soldados del Regimiento de León, los cuales desmintieron en Estados Unidos, las declaraciones de las autoridades españolas, de que habían sido llevados prisioneros, todos se quedaron .
    El gobierno de la Unión colaboró con las autoridades españolas, interceptando otros intentos de invasión, considerando a los cubanos “aventuras de latrocinio y saqueo” y serían considerados como “piratas” y castigados como tales por las autoridades. Las autoridades españolas ordenaron un bloqueo de las costas de todo barco que viniera de Estados Unidos. Narciso López prepara otra expedición, que saldría en el barco “Cleopatra” pero es denunciada por el ministro inglés en Washington Henry Litton Bulver, el Secretario de Estado americano, era enemigo de las expediciones de López y de los cubanos. Inglaterra lo hacía pues temía que los Estados Unidos controlaran a Cuba, después de ser liberada, y sería una espina muy dura de tragar para Londres.

    Mientras todas estos acontecimientos pasan, el 4 de julio de 1851, en Puerto Príncipe, Camaguey, se produce el levantamiento encabezado por Joaquín Agüero, pero falto de apoyo, por ser solo 44 conspiradores, y ser descubiertos, son fusilados el 12 de agosto de 1851; Joaquín Agüero, José Tomás Betancourt y Zayas, Fernando de Zayas y Cisneros y Miguel Benavides Pardo. Fueron sentenciados a presidio Miguel Castellanos y Adolfo Pierra, este último tiene el honor de trasladar a la posteridad los últimos días de Agüero. Al fracasar la otra intentona en Trinidad, el 24 de julio de 1851; son fusilados; Isidoro Armenteros, Fernando Hernández Echerri, y Rafael Arcis, en el lugar conocido como “Mano del Negro”, el 18 de agosto del propio año.
    Narciso López desde su regreso a Estados Unidos, se dedica a organizar otra expedición a Cuba, pero esta fracasa por haber sido delatada por el embajador de Inglaterra a las autoridades americanas, Henry Litton Bulwer,fue llamada “Cleopatra” por ser el nombre del buque que la llevaría, los gastos de ella fueron sufragados por John L.Sullivan, cuñado de Cristóbal Madam y Madam que era su cuñado. El presidente de Estados Unidos, Millard Fillmore, enemigo de los cubanos, sustituto del Presidente Zacarias Taylor, dictó un bando, donde decía que todo aquel que ayudara a los revolucionarios, a los cuales calificaba de “aventuras de latrocinio y saqueo”, no serían amparados por las autoridades, y considerados como piratas. El Capitán General de Cuba, ordena el bloqueo de las costas cubanas por la flota de España. Algo que tenemos que tener en cuenta, es que el secretario de Estado de los Estados Unidos, Daniel Webster, era enemigo de los expedicionarios de Narciso López, y tenía la esperanza de que Cuba al pasar el tiempo cayera en manos de los Estados Unidos.
    Narciso López esperaba llevar en su expedición 1500 hombres, pero al saber los alzamientos en Trinidad y Camagüey, decide adelantarse y se embarcan en el “Pampero” con destino a la parte central de Cuba, pero la suerte le es adversa y van a parar por roturas en el barco a Bahía Honda y descubiertos sus planes por las autoridades. El 11 de agosto de 1851, desembarcan perseguidos por las fragatas españolas en “Playitas”, próximo al puerto de Bahía Honda, en la costa norte de Pinar del Río. Deja en la costa al Coronel americano William L, Crittenden con 140 expedicionarios al cuidado de los suministros, y que le sirviera de punto de enlace con sus tropas. En “Las Pozas” tiene el primer combate, donde sale victorioso, pero más adelante es atacado por fuerzas superiores, y sale victoriosó, Se dirige al “Cafetal de Frías” donde vuelve a vencer y también muere el General Enna al mando de las fuerzas españolas. Es atacado en “Candelaria” por fuerzas superiores, que cuentan con la cooperación de los campesinos cubanos. Narciso López se ve sólo. Ha perdido el contacto con el Coronel Crittenden, no tiene pertrechos y los hombres están cansados de la persecución. Sólo se ve con siete expedicionarios, y toma el camino a “Los Pinos de Rangel”, donde se ve traicionado por su compadre y amigo José Antonio Castañeda, diciendo estas palabras “Esto es lo que me quedaba por ver” siendo entregado a las fuerzas españolas.
    Contra López y sus expedicionarios, habían peleado 5000 soldados de Infantería que mandaba el General Enna y 800 de caballería, fueron perseguidos como si fueran fieras. El Capitán General se dirige al pueblo por la prensa y declara:”gracias a la ayuda de los vecinos no sólo auxiliaron al Ejército y a las Autoridades con toda clase de recursos, y privaron al enemigo de cuanto pudiera asegurar su fuga.”
    El Coronel Crittenden se queda solo con cincuenta expedicionarios, pues el resto había desertado y en cuatro botes trata de huir, pero es apresado. Son conducidos a la Habana en la fragata “Esperanza”, ordenando su fusilamiento el General Concha, sin previo juicio, basado en su resolución de 20 de abril de 1851, en las faldas del Castillo de Atarés, y los cadáveres fueron todos profanados por las turbas siendo exhibidos en lugares públicos, sus miembros fueron disputados como si fueran trofeos de guerra, y llevados a diferentes lugares de la ciudad. La indiferencia de lo que pasaba por parte del Cónsul de los Estados Unidos en la Habana, Mr. Allen F. Owen, es notable, quien no hizo nada por sus compatriotas. Otra cosa importante en el puerto se encontraban la corbeta “Albany” y el cañonero “Vixen”, siendo recibidos con muestras de hostilidad por el populacho, y expresaron su conformidad con el Capitán General, de la acción tomada. Ahí se ve la COBARDIA de la marina de Estados Unidos y el Cónsul americano. Siempre han sido así. Mientras en Nueva Orleáns, el pueblo de la ciudad se botó a la calle, y atacaron el consulado español, pidiendo castigo contra España. Se formaron listas de hombres que deseaban ir a pelear a Cuba y vengar la muerte de los expedicionarios.
    Según un parte del gobierno, las fuerzas españolas sufrieron aparte de la muerte del General Enna, 29 oficiales y 386 soldados, y heridos 622, mientras que los expedicionarios sufrieron 131 muertos, 158 prisioneros fusilados y 270 prisioneros que salvaron su vida. No voy a poner el nombre de los fusilados por ser muy larga la lista. Sólo pondré a López que fue ordenado a morir en garrote por el Capitán General Concha. Narciso López es conducido a la Habana el 31 de agosto de 1851 en el buque “Pizarro”, llega a las 8 de la noche, y es llevado a capilla a las once de la noche y a las siete de la mañana es agarrotado como un vil criminal, en la explanada frente al Castillo de la Punta. Muere oficialmente el 1 de septiembre de 1851 Narciso López. Estando en Nueva York, José de la Luz y Caballero, le dijo a López al saber los contratiempos por lo que pasaba: “Le abandonan, López, le abandonan.”
    Quiero hacer énfasis en lo siguiente al movilizarse en La Habana , los españoles , y los cubanos simpatizantes , se formaron batallones, que luego más tarde serían los ya tan famosos y criminales llamados “Cuerpos de Voluntarios’, que tanto daño hizo a Cuba y a los cubanos. Formados de la alta sociedad española y comerciantes. Y muchos de ellos serían honrados con títulos y calles de la ciudad llevarían sus manchados nombres por la sangre de muchos cubanos inocentes muertos.


 

 

 

HUELLAS


Salgo de la ciudad para ir pasear cerca del mar. Las mañanas son largas. El automóvil va rápido; el silencio sólo es roto por la música del radio. Durante el corto viaje voy dejando atrás todo el panorama de la ciudad. Se ve la transparencia del cielo; me dan ganas de detenerme antes de llegar al lugar fijado y sentarme a la orilla de la autopista cerca del mar. Detengo mi auto, en la playa no se ve a nadie; sólo a lo lejos algunos caminantes. En la arena, se ven huellas dejadas por las gaviotas y pequeños cangrejitos, que van siendo borradas por las olas del mar. Un velero de vela blanca, se ve allá en la lejanía. El mar azul, verde, oro. Los rayos del sol resplandecen en la arena de la playa. Unas palmeras a lo lejos, como pérdidas en la playa; extensión de arena sin vegetación. El azul claro del cielo, y las nubes ligeras se mueven en el inmenso espacio.Me detengo, mi imaginación echa a andar por un camino o por otro. Medito en el tiempo; en lo infinito; en lo eterno. Me pongo a pensar en esas pequeñas huellas, que las olas del mar han borrado.¡Con qué facilidad han desaparecido! Pero hay otras huellas que son perennes en la vida, en la historia, porque esas no desaparecen ; son eternas.
La huella que deja una madre querida a través de los años; ofreciendo a sus hijos, y al esposo, lo mejor de ella. Cariño, atención, el buen consejo. Que siempre será recordada. Las personas bondadosas que dedican su vida a hacer el bien al prójimo, sin importar recibir beneficio alguno. Esos voluntarios, hombres y mujeres, que en África y alrededor del mundo, atienden a los desposeídos, enfermos y moribundos. Sin importar ofrecer su vida en pro del humanismo y, que al pasar los años sus nombres son olvidados; sin embargo, dejaron sus huellas en los caminos de la vida, ayudando a aquellos que lo necesitaban. La Madre Teresa, que en Calcuta, a través de los años caminando por sus calles, llevando el mensaje de Dios, consejo, ayuda, y alimento a aquellos que la sociedad le negó todo. Su papel de heroína, su éxito, no es de ella, es de la humanidad y del mensaje que ella lleva. Billy Graham, que con su mensaje cristiano ha dado ejemplo en el mundo, de lo que la palabra de un hombre humilde, decente y honrado, puede lograr; llevando ese mensaje de paz, amor y unión familiar. Los pastores que desde la tribuna de sus iglesias llevan el mensaje cristiano, para mantener unida a las familias, llevando el mensaje de Dios. Sin ellos buscar beneficio económico. Sin embargo, otros han utilizado sus tribunas y la palabra sagrada de Dios, para beneficios propios. Estos también dejan sus huellas, de mentira y egoísmo.
También otros que han dejado su huella para la eternidad, fueron aquellos hombres que lucharon por la independencia de los países de la América Hispana. Sus huellas ni las olas del mar, ni el tiempo van a borrarlas, porque quedaron en los surcos de libertad de nuestros países.
Todos esos que han dejado su huella en la vida, sin afán de lucro, y posición. Serán un ejemplo vivo en la masa; como un don celeste que resplandece por si mismo, por su nobleza y humanismo..
La tarde va llegando, por la arena fina de la playa viene caminando una señora ya mayor, con dos niños que juegan, saltan, ríen; ella sonríe, sus ojos brillan, y los niños gritan, saltan. Pasa por mi lado, me sonríe con bondad al pasar; es feliz, esos niños son el fruto de su vida. Ya el sol resplandece con más fuerza; más personas empiezan a llegar a la playa. A lo lejos se ve el velero de vela blanca, como un puntito que se pierde en el mar blanco, azul, oro. Respiro a pleno pulmón, la brisa del mar. La vida transcurre. Me detengo un instante, y miro mi obra modesta escrita, y me siento feliz./

 

 

El Origen de las Comparsas Habaneras



    Para buscar el origen de los Carnavales y desfiles de comparsas, tenemos que ir a los tiempos de la colonia. Según los historiadores de nuestras costumbres, para encontrar el origen histórico en Cuba de estos desfiles de comparsas que se les llaman a partir de finales del siglo XIX, carnavales, hay que buscarlo en la fiesta del Día de Reyes. El Cabildo de San Cristóbal de la Habana, ordenó en 1573 que todos los negros horros se prestasen a ayudar a la procesión del Corpus Christi “con invenciones y juegos”, como los sastres, carpinteros, zapateros, herreros y calafates.  A través de los años ese día era escogido por las autoridades para que los negros esclavos o libres, desfilaran por las calles de La Habana. El 6 de enero de cada año, la iglesia católica consagra la Epifanía o la Adoración de los Reyes Magos, comúnmente llamado Día de los Reyes.
    Ese día los negros africanos, vestidos con ropas estrafalarias, su música por región, sus congas, sus lenguajes, cantos ceremonias y religión, se lanzaban por las calles de San Cristóbal de la Habana, reunidos por nación, con los suyos y sus calaveras. Iban ataviados con las ropas que los identificaban del país que eran. Los instrumentos sonaban: tambores, claves, campanas, y los coros de aquellos que llevaban el ritmo de la música. Algarabía, bailes, saltos; esos fueron los primeros desfiles de congas, llamadas con el tiempo “comparsas” y luego al pasar los siglos, ese día de fiesta, era cuando daban comienzo los carnavales.
El origen de los carnavales en general, hay que buscarlo en el mundo del Paganismo, las supervivencias contemporáneas de los arcaicos ritos agrarios y resurreccionales, que, para propiciar la fecundidad general, practicaban las religiones primitivas, pero sería abolido por el cristianismo. En la Venecia del siglo XV, el Carnaval, al que asistían miles de personas, consistía en un desfile de góndolas por los canales de la bella ciudad. Iban adornadas de tapices, flores y objetos en algunos casos; y en especial, las de las familias pudientes, de oro. Surcaban los canales, y las personas se cubrían sus caras con máscaras. Los balcones de los palacios se adornaban con banderas. Desde entonces se hacen populares en algunas ciudades del mundo.
    Después que España se retira de Cuba en 1898, los carnavales y las comparsas quedaron como una tradición en el país. En el año de 1902 se celebraron los primeros Carnavales en la Cuba ya libre. El alcalde de la ciudad, Don Carlos de la Torre, dictó las instrucciones, donde se estipulaban las regulaciones. Hizo su aparición por primera vez en Cuba, un automóvil propiedad de la familia Zaldo. En 1908 es elegida la primera Reina y seis Damas de Honor que presidieron aquel carnaval. Fue elegida Reina, Ramona García, cigarrera de la fábrica “El Siboney”.
    No sería hasta el 1912 que continuarían los desfiles. El alcalde General Fernando Freyre de Andrade, en el bando donde se regulaban los Carnavales, disponía que las comparsas podían ese año salir de sus barrios límites. Debido a las disputas de los grupos más conocidos “El Alacrán”, que dirigía un tabaquero de una de las grandes fábricas de la ciudad, y “Los Gavilanes”, que dirigía un señor conocido por el “Fiscal”. La rivalidad de ambas llegó al extremo, que terminaría en sangre; los “jierros” como se decía, dijeron la última palabra. En la esquina de San Lázaro y Belascoaín, se formaría la refriega. Hubo tres muertos y numerosos heridos de ambos bandos. El alcalde Freyre de Andrade, por una ordenanza municipal suspendió los desfiles de las comparsas. No sería hasta 1937, que volverían a desfilar por las calles de la bella ciudad habanera, autorizadas por el alcalde Dr. Antonio Beruff Mendieta y decía:”…la comparsa, desterrada de las calles por la tiranía haya triunfado plenamente, pese a todos los augurios adversos. De todos modos, la cuestión de las comparsas está definitivamente resuelta, y de acuerdo con el criterio sustentado por nosotros…Pero es el caso que algunas personas han exteriorizado su repulsa a esos festejos, calificándolos de contrarios a la educación y cultura populares y provocadores de conflictos raciales y disturbios públicos”.
    Según el diccionario de la Academia Española dice lo que es una comparsa: “Conjunto de personas que en los días de carnaval o regocijos públicos van vestidas con trajes de una misma clase.”
    Fernando Ortíz al referirse a las comparsas habaneras de 1937, por haber cierto grupo minoritario que se oponía a ellas, dice en el informe que la alcaldía de la ciudad pide a la Sociedad de Estudios Africanos: “Claro está que hay y habrá personas a quienes las comparsas no gustan. Sobre materia tan movediza como el gusto, nada puede imponerse. Hay quien desprecia los ritmos maravillosos del bongó y hay quien bosteza al oir una romanza. Hay quien oirá a Beethoven y hay quien se extasía con un son. Y hay quien gusta de ambos, según el sentir de las horas y los días; pero a la masa del pueblo habanero le agradan las comparsas, y no solamente al elemento de sencilla cultura, y ésto sería bastante para protegerlas, a menos que hubiera motivos de seria inconveniencia, que no los hay.”
    La oposición de ciertos grupos de la Alta Sociedad Cubana de la época y de extranjeros que creían dictar las órdenes y directivas de no sólo la política, sino de nuestra cultura, “alegando pretensiones de una mítica superioridad nórdica, o aria, o rubia, o celeste, o infernal, según los caprichos o los momentos históricos de su agresividad o ensoberbecimiento.” dice Fernando Ortíz.
    Nunca hubo conflictos de raza en Cuba con ocasión de las comparsas. En los grupos de cada una, participaban negros, mulatos, blancos y hasta chinos. Estas comparsas no sólo las había en Cuba, sino que en otras naciones se celebraban los carnavales; famoso era el carnaval carioca de Río de Janeiro, donde las comparsas afrobrasileras daban muestra de lo que era el folklore. En Nueva Orleans, el carnaval bellísimo que era una fusión de la Mi-Carene francesa y comparsas de grupos populares (hoy en día esas costumbres han ido decayendo). En los diferentes países de las Antillas Británicas, famosas eran sus fiestas carnavalescas, con los desfiles de bailarines y cantos populares.
En La Habana, eran famosas las comparsas: Los Moros de Venecia, Los Congos de Chavéz, Los Turcos de Regla, Los Mandinga Moro Azul,. Otras con nombres emblemáticos de animales o árboles: El Alacrán, La Culebra, El Pájaro Lindo, El Gavilán, El Jiqui. Otras como: Las Gitanas, Los Mambises, Los Dandy, El Majá, las Fruteras, Los Guaracheros, Los Príncipes del Rajah, Los Congos Libres, Las Jardineras, Las Sultanas, y las Bolleras.
    Recuerdo aquellas comparsas, y también que teniendo 12 años me fui detrás de una de ellas, porque estaba enamorado de una mulata con un cuerpo tremendo y cuando regrese a la casa mi madre me dio dos pescozones, que no sirvieron para nada, porque la siguiente semana me fui otra vez; la mulata aquella valía la pena.
    El ritmo y gracia, movimiento de nalgas, caderas, brazos, es sudor humano: el cornetín lanza su tara-ta-ta. Y las comparsas van cogiendo su camino para el Prado de La Habana. El público se agolpa en los balcones, las calles estan de fiesta, suena el cañonazo de las nueve de la noche se quedan asombrados de los bailes de los participantes y se ponían a bailar también. El rumor lejano de las diferentes comparsas se va oyendo. Es un rumor apagado. Los ánimos se van poniendo tensos y al unísono el público grita: ¡Ahí vienen, ahí vienen! Gritan todos. Van resonando los cencerros, los tambores, con su tum-tum-tum-pa…las voces del coro. El cornetín, su canto vuela por el aire, comunicando a los bailadores sus pasos. Cada vez la música suena más armoniosa. Los faroleros, con sus farolas de un lado para otro de la calle, hacen piruetas; se dejan caer, se levantan, para que el público vea los colores del grupo. La alegría se ve en el rostro de los participantes; sudan, los músculos del cuerpo se ponen tensos . El paso es alegre y cada vez más confiado. Se siente el rumor de zapatos y pies en el asfalto. Hay olor a sudor y a hembra, las caderas se mueven al vaivén de la música. Así, una tras otra las comparsas van por el Prado de la Habana. En su retirada a sus barrios, el cornetín sigue con su sonido trepidante, bullanguero, la sangre hierve y las caderas se mueven con sensualidad, las mujeres mantienen el paso y su gracia trepita de entusiasmo: se oye cuando van de retirada el canto: su a-la-la-la-la…Zumba, mama, la rumba y tambo…
    Y nuestra noche tropical, más azul y bella que nunca, las estrellas siguen brillando; un lucero se mueve en el inmenso espacio, y la brisa tropical acaricia el rostro, todo es alegría, hermandad y paz en aquella inmortal Habana. Los Castillos del Morro y de la Punta, parecen como si se movieran en su guardia nocturna. En el cielo las estrellas contentas, su movimiento en el espacio es diferente en estas noches, pues ellas van marcando el paso al compás de la música de las comparsas habaneras. Y nuestro cielo reluce de ese azul límpido, íntimo, espiritual.
    En mis noches de insomnios, me parece oir el sonido de tambores, sartenes, y el canto melancólico de los cantantes; y aquellas mujeres de diferentes color de piel, pero de sólo una raza, la cubana, bailando delante de mí. Y mi corazón salta de alegría; por un momento vuelvo a bailar detrás de las comparsas, y me veo rodeado de seres queridos…y en la lejanía me parece seguir oyendo el repiquetear de tambores, y el canto, con su ala-ala-ala- de nuestra Cuba Eterna y Querida.


 

 

El Fracaso de la Expedición del “Pampero” a Cuba. Los Fusilados en el Castillo de Atarés en 1851

 

    Mi amigo Pedro Conde me decía que en una reunión con amigos se conversaba sobre la expedición del vapor “Pampero”, comandada por Narciso López; y notó cuán mal informados estaban. Algunos creían que todos los expedicionarios habían podido escapar a EE.UU. Sobre todo esto no voy a escribir mucho. En una de las conferencias que estoy preparando seré más explicito, por lo que no voy a dar mucha información.

    El fracaso de la primera expedición de Narciso López no hizo aminorar a dicho patriota sus deseos de liberar a Cuba del yugo español. Los cubanos empezaban a rebelarse contra la corona.

    El 4 de julio de 1851, en Puerto Príncipe, Camagüey, se produce el levantamiento encabezado por Joaquín Agüero, pero al faltarle el apoyo de los conspiradores ya que sólo lo secundaron 44, y al ser descubierta la conspiración, son detenidos y fusilados Agüero, José Tomás Betancourt, Fernando de Zayas y Miguel Benavides el 12 de agosto de 1851. Mientras, en Trinidad, un grupo de revolucionarios -al ser delatados- son detenidos y los principales jefes fusilados el 18 de agosto de 1851. Isidoro Armenteros, Femando Hernández Echerri y Rafael Arcis en el lugar llamado “Mano del Negro”.

    Estos fracasos no impiden que Narciso López siga con su idea de llevar otra expedición. El plan era reunir mil cuatrocientos hombres bien equipados y desembarcar en la parte central de la isla, pero al tener noticias de los pronunciamientos de Agüero y Armenteros, decide adelantar la expedición y desembarcar en Pinar del Río. Pensaba él que la presión de las fuerzas españolas sería menor en los revoltosos. No sabía que ya dichos levantamientos habían fracasado. El error más grande fue escoger Pinar del Río, por no tener lugares montañosos donde poder emboscar al enemigo.

    Con unos cuatrocientos hombres o quizás un poco más, desembarca en “Playitas” el 11 de agosto de 1851, cerca del puerto de Bahía Honda. La mayoría de los expedicionarios eran americanos y de otras nacionalidades. El segundo en mando lo era el general húngaro Johan Pragay.

    Narciso López divide la tropa, y deja en la costa al cuidado de los pertrechos y suministros al Coronel William L. Crittenden con 140 expedicionarios, para que recibieran a los otros expedicionarios que esperaba llegaran en el segundo viaje del “Pampero”. Narciso López divide la tropa y se enfrenta a las tropas españolas en varios combates. Su segundo jefe, el general Pragay, muere en combate en Las Pozas. En el transcurso de los días sufren derrotas, así como victorias, pero nunca esperaron que los campesinos fueran a ayudar al gobierno español. Al final López es traicionado por su compadre, José Castañeda, quien lo entrega a las autoridades.

    Sobre el Coronel Crittenden, muchos de sus soldados se entregaron a los españoles y otros lo abandonaron. Con sólo cincuenta hombres, en cuatro botes trataron de alejarse de la playa para esperar por ayuda y volver a Nueva Orleans, pero son avistados los cuatro botes por cañoneras españolas y capturados. Remitidos a La Habana en la fragata “La Esperanza”. Ordena de inmediato el Capitán General Concha, los fusilamientos el 20 de abril de 1851; son fusilados en las faldas del Castillo Atarés. El total de ejecutados por las autoridades fue de 158.  131 muertos en combate y, prisioneros que salvaron sus vidas, 270.

    Estos son los nombres de los hombres que acompañaban al Coronel Crittenden, fusilados:

Coronel W.S.Crittenden , Capitán Frederick S. Serer, Capitán Victor Ken, Capitán  T.R.Veacey, Cirujano John Fisher, Cirujano K.A. Fourniquet, Ayudante R.C.Sanford, Teniente LOBryce, Teniente James 8, Teniente Thomas C. James, Sargento .Whiterend, Sargento Napoleon Colling, Sargento G.M.Green, Sargento J.Salmon, Soldados N.T.Vines, William Chillings, G.A.Cook, S.O.Jones, M.H.Bull, James Bunet, C.C. William Smith, A.Ross, P.Bronrke, John Chrisden, Samuel Milis, William B.Littie, B.J.Wregy, John G.Gaukar, E.T.Collms, Thomas Harnatt, John Stubbe, M.Phi James L.Malville, Edward Rulman, Robert Cautley, James Stauton, Alexander McIler, James Ellis, Chakes A. Robinson, William N.Homes, George W.Arnold, William Nicoman, Anselmo Torres, Samuel Need, William Hogan, Sargento A.M.Cotchett.

    Capturado Narciso López, es conducido a La Habana en el “Pizarro”, llegando a la ciudad a las ocho de la noche del 31 de agosto de 1851. A las once de la noche entra en capilla y a las siete de la mañana es agarrotado, cual si fuese un vulgar criminal, en la explanada frente al Castillo de la Punta, el 1 de septiembre de 1851.

    El traidor y compadre de Narciso López, fue asesinado la noche del doce de octubre de 1854, José Antonio Castañeda estaba sentado en una de las mesas del café “Marte y Belona”, cuando le fue disparado un tiro que le ocasiona la muerte. El patriota que lo hizo fue Nicolás Vignau Asanza, que era natural de Santiago de Cuba.

 

Leyenda de la Virgen de Guadalupe

 

La interpretación de la historia y mitos de los tiempos de la colonia en nuestros países es muy importante para poder comprender nuestros valores históricos, indígenas y español. La imagen que muchas veces se nos ha presentado de la historia del México indio, es muy diferente de como fue en realidad. Pero con la independencia, la visión histórica se va revelando con más claridad.

Para obtener datos sobre los primeros años de la colonización en México, tenemos que ir a las informaciones dadas por los evangelizadores, y todos aquellos envueltos en la diseminación de la religión católica. La pugna entre los españoles-criollos y los famosos “bachilleres” enviados por España, para administrar el gran país. La inquisición se encargaba de mantener el orden, entre todos aquellos que se salían de su camino, cometiendo injusticias por doquier.

En los primeros años de la conquista, los indios hacían sus sacrificios a “Tháloc”, para atraer la lluvia, y la ayuda en los sembrados. Cuando eran descubiertos, pagaban dicho atrevimiento y falta con el arresto y castigo ejemplar. Pasados a lomo de mula en una armazón de hierro, azotados en público, rapados, y luego llevados al lugar donde serían muchos de ellos ajusticiados por violar las leyes de la religión católica, que les prohibía venerar a los ídolos. En el caso de Martín Océlolt, fue enviado a Sevilla a los inquisidores, para ser eliminado como herético.

Los indios del valle de México nunca fueron cristianizados en su gran mayoría. Pero la fe se extendía entre toda la población por la labor de los padres jesuitas, y predicadores.

Según cuenta la leyenda de la Virgen de Guadalupe, Juan Diego, un indio muy pobre, salió de su casa un día temprano en la mañana, el nueve de diciembre de 1531 para oír misa en un pueblo cercano a la capital. Al coger un camino más corto, el de Tepeyac, que era un sitio árido, oyó música que parecía venía del cielo, delante de él se formó una luz brillante en forma de arco iris. De pronto una señora muy hermosa, de facciones muy delicadas, se acercó a él y le saludó con voz melodiosa. Le dijo que “ella era la Virgen María, que fuera a ver al Obispo de México, de su parte, para que se construyera una iglesia en aquel lugar.”

Juan Diego fue a hablar con el Obispo, pero éste no creyó la historia y le pidió una prueba de lo que decía.. Vuelve Juan Diego a Tepeyac para tratar de hablar con la Virgen. Ella le dijo,”que volviera al día siguiente.” Pero el tío de Juan Diego se encontraba enfermo, y se puso peor. Siendo imposible que cumpliera su promesa de regresar a ver a la Virgen, al día siguiente fue en busca de un sacerdote por un camino diferente, tratando de evitar pasar por Tepeyac. Pero la Virgen apareció en su camino. El le dijo de la enfermedad y que iba en busca de un sacerdote. Ella le dijo: “Tu tío ya esta bien, y ve a ver al Obispo otra vez”. Juan Diego le pidió una prueba del milagro. Ella le mandó a subir a la colina y recoger allí unas flores, lo que sorprendió a Juan Diego, porque sabía que nada crecía en aquella tierra árida. Sin embargo, encontró las flores. Recogió algunas y las llevó en su “Tilma” (manta) al obispo. Cuando las dejó caer en el suelo a los pies del Obispo, no había flores, y todos vieron la imagen de la Virgen que se encontraba estampada en la “Tilma”. El Obispo se puso de rodillas pidiendo perdón por no creer. Empezaron las visitas de los vecinos. La historia de la aparición se esparció por todo México. Al pasar el tiempo se construyó una iglesia en el sitio del milagro y le dieron el nombre de Guadalupe al pueblo que se formó al pie de la colina. En 1532, en una procesión solemne, llevaron el “Tilma” de Juan Diego, con la imagen de la Virgen hasta el altar de la iglesia. Siendo 12 de diciembre la fiesta de la Virgen de Guadalupe y de toda la República de México.

Por todos es conocido el lugar como el santuario de Tepeyac. En 1555 el Arzobispo Montufar fundó la primera basílica de Guadalupe, en un edificio modesto. En 1609 se construyó el primer templo de “albañilería abovedado”. Fue construido por una suscripción pública. El templo sería terminado trece años después. Siendo instalada la Virgen por el Arzobispo Pérez de la Serna, en 1622. En España se decidió aumentar la construcción en 1694. Teniendo 77 metros de largo, 33 metros de ancho y 30 metros de alto.

Al momento de conquistarse la Independencia de México, bajo el pendón de la Guadalupe, fue consagrada una vez más la protectora del Pueblo de México.

 

 

La Palabra: El Español

 

  De las ciencias inventadas por el ser humano, es la palabra la principal de ellas. Sin ese don  del habla, nos podíamos considerar al nivel de la fauna que nos rodea, que ignoramos su manera de comunicarse. Según los investigadores son los primeros homínidos (relativo a un suborden de los mamíferos primates actuales) del Paleolítico. El hombre de las cavernas que no caminaba erecto, ni sabía construir una choza donde vivir, viviendo en cuevas; no tenía armas para defenderse de los animales feroces. Pero pudo resistir los rigores de los glaciares por más de 600 mil años. Pero poco a poco empezó a construir armas para defenderse y objetos , y con la introducción del fuego, producido por el roce de dos piedras, marca un paso de avance en sus vidas. Ellos dejaron en las cavernas cerca de Niza (Costa Azul francesa) huellas de aquel tiempo.

  Se ignoran los pioneros del primer lenguaje humano, pero según los historiadores estiman que fue en la ya desaparecida Atlántida o Lenuria, que yacen en el fondo de los océanos, donde ya se utilizaba el lenguaje humano. Si antes del Neolítico existió un idioma, se ignora. En las cuevas de Altamira (Santander) quedan huellas del “homo sapiens” promotor de la cultura occidental. Los sumerios de Mesopotamia y los cretenses que se adelantaron  mucho antes que los egipcios. Durante el llamado Matriarcado 8,000 años atrás, surge el primer imperio universal por los etíopes. Ahora es a los sumerios de Irak, 4500 a.C. que se les atribuye la primera escritura.

  Son los egipcios los que nos legaron el libro en sus muertos encontrados junto a las tumbas de las momias faraónicas.

  Desde que el humano empieza hacer uso del lenguaje, el mundo va cambiando. Dice Tomás Carlyle: “…con una ley primaria de la humana naturaleza, existente aún en todas partes, y se reduce a que lo que un hombre siente dentro de sí mismo de un modo intenso no sosiega hasta que lo arroja fuera de sí por medio de la palabra, representándolo en forma visible y natural, como si le concediese vida y realidad histórica”.

  Al referirse al Español, Emilio Relaño, dice: “ Esos millones y millones de hombres que, tan lejos de las fronteras de nuestra patria, expresan en castellano sus sentimientos, cantan sus alegrías y lloran sus desgracias en el idioma de España. No son, no pueden ser, enteramente extraños a nosotros. No importa que legalmente sea un colombiano o un paraguayo tan extranjero como un sueco o un turco. Hay algo que está por encima de todas las divisiones políticas hechas por los hombres, y ese algo es la comunidad de ideas que lleva consigo la comunidad de lengua”. Ese gran escritor que era Horacio Quiroga, decía: “ Igual que las selvas mudan sus hojas con el fluir de los años fugaces, y van cayendo las más viejas, del mismo modo perecen las palabras más antiguas, y las que acaban de nacer florecen juveniles y lozanas. Estamos sujetos a la muerte, nosotros y lo nuestro”.

  Martín Alonso, dice sobre nuestra lengua:” El Lenguaje no es ciencia exacta ni patrimonio de nadie en particular. Surgió de todos y para todos. Por eso yo lo califico de inseguro, variable, inconveniente, inexacto y engendrador de gresca. Mi lenguaje es mío. Su lenguaje es suyo”.

  Tenemos que defender nuestra idioma, que es bello, sonoro y musical. Muchas de las grandes obras de la literatura estan escrita en español. Entre ellas honra de nuestra lengua Don Quijote de la Mancha de Cervantes. D. del Olmo, dice sobre el Don Quijote; “La curva de la gloria cervantina, hemos dicho ya, sigue su curso ascendente. Creemos que es ahora cuando se le comprende mejor que nunca, en toda su pureza emotiva y literaria. Pero no por eso deja de ser una obra maestra del idioma español”.

  Pronto se va celebrar otro año más del Descubrimiento de América, qué mejor manera de honrarlo que defender nuestra lengua española contra otras  innovaciones que quieren imponernos.

    ¡VIVA NUESTRO IDIOMA ESPAÑOL!

 

El drama de México ¿CUAUHTÉMOC O CORTÉS?

 

 

  Emilio Martínez Paula, director del semanario "La Información", de Houston, miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, en los Estados Unidos, del Círculo  de Cultura Panamericano, del Pen Club, de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y otras organizaciones nacionales, nos depara un libro único y autorizado acerca de la Conquista española del norte del continente. Este no es un caso de muchas tesis universitarias , que no logran llegar más allá de cambiar los huesos de una tumba y llevarlos a otra. Se trata de un ensayo valiente y honestamente equilibrado, sin favorecer a ninguna de las dos partes, en el drama de la Conquista de México. Más todavía, presenta a españoles y aztecas, en forma imparcial y asignando tanta información acerca de un bando como el otro.

  La manera de escribir de Emilio Martínez Paula, es llana, de juicio claro. Él levanta el velo del pasado, con el único deseo de dejar aclarados pasajes de la historia, eliminando la barrera que siempre hubo en conocimientos sobre la Conquista de México. Se ha venido estudiando por mucho tiempo enfocando la cuestión desde varios puntos de vista: político, religioso, social-económico y por supuesto militar.

    Como dice el autor:

  "Este libro tiene el doble papel de ensayo y de obra de texto. Como ensayo intenta analizar la formación del pueblo de México, la creación de la nacionalidad mexicana. Como obra de texto toma en cuenta la investigación histórica de otros autores y narra los hechos fundamentales."

  Emilio Martínez Paula posee un don literario -escaso en estos tiempos-, y es el talento extraordinario de resumir aspectos de las efemérides históricas, con una brevedad que hubiera parecido imposible. Todo ello, sin sacrificar detalles importantes de cualquier campaña dramática e histórica. Algunos capítulos son de página y media, nada más, aunque de una concisión magistral.

  La obra empieza, naturalmente, con el Imperio Azteca y, el primer encuentro de Cortés y Moctezuma:

  "Hernán Cortés bajó del caballo, el mágico instrumento infernal que sorprendió a todos los pueblos del Nuevo Mundo, y en un silencio reverencial, conteniendo con la hipocresía del jugador tramposo su desprecio por un jefe pagano..."¿Acaso eres tú?, supone algún historiador que debió haber dicho Cortés."¿Eres tú Moctezuma? "...-Sí, soy yo", contestó el señor."

  Lo que pasó después hubo de cambiar la historia del mundo.

  Martínez Paula después pasa a los antecedentes históricos de la Corona Española y su pueblo, anteriores a la Conquista. Él nos revela, con honradez, lo que hubo de lo sublime a lo bárbaro en estas campañas conquistadoras y que la barbarie fue ejecutada por ambos, sin dar ni pedir cuartel. Analiza la incógnita que dejó la Historia, en cuanto a las tropas españolas, súbditas de Los Reyes católicos y, que sin embargo mostraron un comportamiento tan condenable como el de la barbarie azteca. El autor comprende y comparte la política, en las decisiones de ambos cabecillas, y la llama "politiquería", de parte de Cortés así como de Cuauhtémoc. La política es un aspecto complicadísimo de este aspecto de la Historia indoamericana, a juzgar por las controvertidas personalidades de ambos.

  Cuauhtémoc sufre con resignación el martirio que le dieron para que entregara su tesoro. Siendo colgado de un árbol, en unión de otros soberanos, por los conquistadores. Trágico final de un hombre extraordinario, valiente y celoso defensor de su patria. Al momento de su muerte le dice a Cortés "...se enfrentó a Cortés sin que le temblara la voz: ¡Oh, Malinche! Yo sabía que esta muerte me habías de dar, y había conocido tus falsas palabras, porque me matas sin justicia. Dios te la demande, pues yo no me la di cuando me entregaba en Tenochtitlán." En la soga se hizo un nudo que le ajustaron al cuello."

  Se destaca, aquí, el hecho de que Cortés no fue meramente un iluminado súbdito de la Corona Española, sino también, implacable al tratar de extraer la mayor riqueza posible de los indígenas aztecas. La fundación de la ciudad de México, es pormenorizada en esta obra, con respecto a los increíbles excesos de Cortés y los abusos de sus tropas, para conseguir su cometido.

  La Conquista de América y en este caso de México, y uno de los aspectos más  interesantes es la participación que jugó la mujer india en la conquista y dominación definitiva de los territorios ocupados por los capitanes españoles en América. Las concubinas indias ayudaron a sus nuevos esposos a concluir la conquista de los territorios, sirviéndoles de expertas guías e intérpretes. Formalizaron su unión debido al afecto, lealtad, respeto y abnegación en los peores momentos. Al pasar el tiempo se les reconoció el rango señorial de Doña, el femenino de las siglas DON, que quería decir: "De Origen Noble". Doña Marina, conocida por el seudómino de "La Malinche", fue la concubina e intérprete de Cortés. Por medio de ella, su tribu tomó venganza sobre los aztecas. Juzgarla a ella, no es cosa fácil, ¡quién no haría lo mismo! Emilio Martínez Paula dice sobre ella:

  "¡La gran mujer de la conquista! La que paso a paso, con Cortés, fue agigantando su figura. La que en los relatos de Bernal Díaz del Castillo, lo mismo que en las crónicas indígenas, aparece erguida al lado del capitán español. La que se alió incondicionalmente  a su "amo y señor Cortés" en un afán por destruir al que para ella era el opresor: el Imperio Azteca. Ella es la que vive intensamente su momento histórico, y la que después "se eclípsa de la historia, como se ocultan  de la vida pública las señoras del virreinato."

  Esta obra enfatiza la premisa de que los pueblos que no reconocen los errores pasados, están condenados a repetir sus mismos errores. Esta premisa contiene una verdad significativa en cuanto al desarrollo del pueblo mexicano y del resto de la América conquistada.

  En el prólogo el Dr. Odón Betanzos Palacios, Director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, en los Estados Unidos, dice:

  "El drama de México ¿Cuauhtémoc o Cortés?, es un libro singular: ameno por la franqueza en la exposición; abierto y libre porque, a la hora de interpretar la historia, manda su criterio en  justicia; libro de síntesis porque al estudiar los hechos se queda con la esencia; triste por el dolor al alterarse de forma violenta, almas y pueblos, aunque sobrevuele, para atenuar la tristeza, un hálito de poesía."

  El poeta y escritor Dr. Rowland J. Bosch, en el diario "Enfoque Metropolitano" de Miami, al comentar el libro de Martínez Paula, dice:

  "¿Cuauhtémoc o Cortés?" es un libro único, sincero y veraz donde se analiza la confrontación de las tropas mandadas por Cortés y el Imperio Azteca, sin pasión, con la mirada puesta en el significado de la lucha de razas que dio lugar al México moderno. Emilio Martínez Paula ha realizado como escritor una labor sobresaliente al escudriñar con entereza y veracidad los sucesos de la Conquista del México indoamericano".

  Esta obra del Profesor Emilio Martínez Paula puede ser un excelente texto para el estudio de nuestra Historia, debido a su vasta información proporcionada con una brevedad tan efectiva. Una herramienta indispensable para quienes estudian nuestra Historia, tanto profesionales como aficionados. Su amenidad es típica, considerando los aburridos volúmenes de los historiadores tradicionales. Y hay algo más, el libro se lee como si fuera una novela histórica, aún si no fuera ésta la intención del autor.

 

 

 

DE LA VIDA REAL: EL ELEFANTE JUMBO

 

Recuerdo cuando era niño, mi hermana Fela nos llevaba a mi hermano Julio y a mí a ver las películas de Walt Disney en el cine ¨Rex Cinema", o en el "Cinecito" ambos en la calle de San  Rafael. En el "Rex" fue que vi por primera vez la película del elefante "Dumbo". El cine se llenaba de niños. Creo que en aquellos años felices la vi varias veces. Pero la historia parecía que era una de las tantas fantasías creadas  por Walt Disney, pero no fue así, "Jumbo" era el verdadero nombre.

  El elefante "Jumbo", fue capturado pequeño en el este de África, por cazadores africanos, y  vendido a un europeo de Baviera, que coleccionaba animales para luego traerlos a Europa . Fue vendido al Jardin des Plantes, de París. Los encargados del zoológico se encontraban decepcionados con los progresos del elefante, tenía cuatro años y sólo medía cuatro pies de altura, y decidieron cambiarlo a la London Zoological Society, por un rinoceronte.

  En el zoológico le cambiaron la comida diaria, comía más de doscientas libras, de frutas, pan, cebollas, y todo lo que le llevaban. Empezó a crecer y engordar, en 1882 después de 17 años, tenía una altura de doce pies, pesaba 7 toneladas, la trompa era  de siete pies de largo. Era el elefante más grande en cautiverio.

  Durante sus años en Londres, fue visitado por Theodore Roosevelt, Winston Churchill se retrató a su lado, todo el que llegaba a la ciudad quería verlo. Los periódicos del mundo lo mencionaban en sus páginas. El archi-conocido Phineas Taylor Barnum, dueño del Barnum and Bailey Circus, hizo una oferta tentadora al London Zoological, de $10,000 por"Jumbo", que fue aceptada. Las protestas de políticos, y organizaciones decían que los niños adoraban a "Jumbo". La reina de Inglaterra Victoria, el Príncipe de Wales, pedían que se rompiera el contrato de venta. El embajador de los Estados Unidos en Londres decía que el único problema entre los dos países era la compra de "Jumbo" y su viaje a América. La corte de Londres decía que el contrato era legal y no se podía anular.

  El transporte del elefante al barco que lo iba llevar fue especialmente diseñado y reforzado, para evitar un desastre. El transporte con unas puertas grandes fue llevado al lugar donde dormía "Jumbo" para que se fuera acostumbrando. Al tercer día cuando entró, las rejas fueron cerradas, el animal trato de salir pero le fue imposible. Daba comienzo el viaje de siete millas al puerto. El viaje duró quince días a Estados Unidos...  En su comida se le agregaba una buena ración diaria de bebida, para que se calmara.

  El 9 de abril de 1882, llegaba a New York City, miles de personas lo esperaban en los muelles y las calles cercanas. La jaula fue halada por 16 caballos y dos elefantes a través de Madison Square Garden. Al siguiente día de llegar hacía su primera presentación ante el público de la ciudad. Los niños montaban arriba de él en los asientos preparados para dar una vuelta por el escenario. Recorrió todos los Estados Unidos.

  En la noche del 15 de septiembre de 1885, acababa de terminar su presentación en el pueblo de St.Thomas, Ontario, Canada. Cuando era llevado al tren donde iba ser transportado con otro elefante "Tom Thumb", el entrenador sintió el ruido de un tren que venía,  trato de sacarlo de la línea del tren, pero fue tarde, "Tom Thumb" recibió un duro impacto, quedando muerto, pero "Jumbo" del impacto su cabeza quedó partida y sangraba profusamente. La locomotora quedó partida en dos y dos carros.  

  La muerte conmovió a miles de personas, en especial a los niños. Barnum mandó a un taxidermista, con la orden de salvar el esqueleto y en especial su cabeza. Al quedar terminado el trabajo pesaba 2,400 libras, siendo transportado en un vagón especial. Fue llevado al Museo de Barnum en Tufts University, en Medford, Massachusetts. Un fuego en 1975, destruyó el museo, pero se pudo salvar el esqueleto de "Jumbo", que fue llevado al American Museum of Natural History en New York City.  Walt Disney dió vida al elefante "Dumbo", en recuerdo de "Jumbo".

 

 

EL CABALLERO DE PARÍS

 

    El Caballero de París era un hombre que caminaba por las calles de La Habana, vestido con su capa negra, su pelo largo, debajo de sus brazos, una cartera llena de papeles donde él decía que estaban los documentos de su linaje. Registrando en mi archivo he encontrado algunas informaciones sobre él, que voy a traerles a los lectores.

    Algunos autores que escribían sobre los personajes y costumbres del ayer, llevaron a sus artículos la figura siempre interesante de El Caballero de París. Según ellos se llamaba José López Lludini, y nació en Fonsagrada, Lugo, España. en 1899. Todos estos datos se pudieron conseguir por una hermana suya. Llegó a La Habana con tres hermanos más, en el barco alemán “Princesa de Cecilia”, en mayo de 1920. José (al pasar los años conocido por El Caballero de París), Antonio, Amancio e Inocencia, mandados a buscar por un pariente.

    Al llegar a La Habana, José empieza a trabajar en hoteles, entre ellos ‘Telégraph”. “Sevilla” y “Manhattan”. más tarde en el restaurante “Las Tullerías” de Monserrate y Obrapía. Según aquéllos que han escrito sobre él, dicen que se enamora apasionadamente de la hija de un médico, el nombre de la amada, Mercedes, a la que él llamaba Merceditas. Los padres de ella se oponen al noviazgo por la diferencia de clase. Ella era la hija de un médico conocido, y él un simple empleado. Era un hombre trabajador. Al fin, cuenta la historia, pudo más el amor, y los jóvenes se veían con permiso de los padres de ella. Eran felices.

    Mercedes se enferma, su padre la atendía, pero al ver que la enfermedad era más peligrosa de lo que al principio pensó, consulta con otros médicos. José la iba a ver los días que le permitía el trabajo. Al saber lo delicada que se encontraba, se llenó de temor. El trataba de ahorrar hasta el último centavo de su dinero para el matrimonio. Al ser llevada a una clínica, los pocos días que vivió, él no dejaba de ir a verla. Se quedaba en los pasillos, o debajo de los árboles de la entrada, rezando por su curación. La madre lo deja pasar cuando ya se esperaba que muriera, y abrazado a ella le juró amor eterno. Promesa que cumple hasta sus últimos días.

La muerte de ella lo afectó en su manera de vivir, se vuelve un hombre descuidado, pierde el trabajo. Empieza en su largo peregrinar por las calles de La Habana. A nadie molestaba, a nadie le pedía nada. Su mente se fue perdiendo, y sólo el recuerdo de su amada se mantenía firme en él.

    Nadie lo molestaba en su recorrido por las calles de la ciudad, con su carpeta llena de papeles, vestido con una capa negra, su larga melena, y se declaró ‘Rey del Mundo”, de su mundo, y proclamó que “el mundo estaba a sus pies”. Los periodistas y costumbristas tejieron sobre su persona un mundo de fantasía y leyenda.

    Vino la revolución castrista y lo llevaron para un asilo, le cambiaron la ropa, pero no su personalidad. Fue siempre su majestad el “Rey del Mundo”.

    Recuerdo que una vez en la casa de mis padres en la Avenida de Carlos III, mi madre tenía unos rosales, y un día toca a la puerta de la casa, y le dice a ella, si le podía dar unas rosas para su novia, mi madre le cortó varias y se las envolvió en un periódico, y muy gentil le dijo “gracias” y se fue.

    Una amiga mía, la profesora Martha Henderson, me cuenta que siendo ella alumna de la Escuela de Kindergarten de La Habana (1949-1952), vivía en el Reparto La Sierra, y un día El Caballero de París se paró frente al jardín de la casa, le hizo una reverencia. y le dijo: —distinguida joven, ¿tendría usted la cortesía de ofrecerme una rosa?

    —Le corté dos y se las di; él las besó e hizo una reverencia, dando las gracias usando un lenguaje florido.

    Cuando deambulaba por las calles de aquella Habana, acogedora y romántica, cada vez que se encontraba con alguna joven que le recordaba a su Merceditas, la seguía y le preguntaba su nombre y le hablaba del amor perdido.

    En el muro del Malecón se le veía muchas veces contemplando el mar azul durante mucho tiempo, quizás, pensando que allá en lo infinito estaba su tierra natal, Lugo. Otras veces se le veía en el cementerio de Colón, donde se encontraba la tumba de su amada. Se pasaba las horas sentado, las lágrimas corrían por sus mejillas.

    Muere en el mes de julio de 1985. Pasaba de 85 años, se fue a reunir con su amada Merceditas.

    Estos versos son para aquel Caballero Caminante, que llevó el recuerdo de su amada a través de los años y quizás, al momento de su muerte, su último pensamiento fue para ella:

 

‘Hace años que te fuiste de mi lado,

tu recuerdo lo he tenido presente

a través del tiempo y la distancia

y al fin hoy me voy a reunir contigo

para no separarnos jamás”.

  

Tania Caridad: La Luna y El Mar.

 

Autora: Blanca M. Segarra, Miami, 1999.

Comentario: René  León

 

            Tengo en mis manos un libro que una madre dedica a su única hija, asesinada por un hombre malvado.

“A  mi hija

No quiero ser ésa que se viste de luto y llora

por un tiempo el dolor de una vida”.

             En el libro encontramos el amor de ella por su Tania Caridad. Los versos reflejan su dolor, y angustia. Desde el primer momento que los leí creí que eran parte de mi vida, me sentí parte de Blanca. Al ver la foto de Tania Caridad, su cara traslucía inocencia y candor. Blanca, en su soledad, dice:

            “¡Mi corazón voló al cielo/ y se arrodilló ante Dios/ a pedirle de favor/ que me otorgara consuelo”/ Mi sangre se congeló/ en mis entrañas deshechas/ destruyeron la cosecha/ que mi vientre cultivó/ y sigo confiando en Dios/ y sigo teniendo fe/ aunque se llevó la flor/ que con mi savia sembré”.

             La finura de la tez de Tania Caridad, joven, ojos negros y anchos que titilaban inteligencia. Algunas veces su mirada juvenil se perdía en lontananza, otras era silenciosa caricia. En sus labios, un mohín infantil. Cuando conversaba con sus compañeros de trabajo, la dulzura de su habla.

            Blanca, en “Bálsamo”, dice:

            “Tanita es algo más que Luz Dorada/ fría, aterciopelada/ que llega junto a mí;/ es un ave que canta en mis entrañas/ una pena inmortal que no me daña/ ni se aleja de mí./ Tanita es ver el ocaso cada tarde/ soñando con el alba al nuevo día/ es una brisa suave de alegría/ aliviando la herida que me arde”.

            En el vivir  nuestro de todos los días, nos rebelamos muchas veces contra nosotros mismos; pero  en las horas de tedio la tristeza va confortando nuestro espíritu. El tiempo transcurre y lo tratamos de detener, pero es imposible, porque todo es angustia, alegrías y esperanzas.

            Miramos al cielo y las nubes son siempre distintas, siempre las mismas. El tiempo pasa, reina el silencio. El recuerdo de Tania Caridad me envuelve, parece como si ella caminara a mi lado, y el cielo azul y las nubes redondas, blancas, pasan lentamente, nubes fugaces e inmutables; y su madre, Blanca, dice:

            “Dicen los que creen todo saber, que el dolor más fuerte que sufre una mujer es traer un hijo al mundo y yo digo que no, que el dolor más profundo no es tenerlo, es perderlo”.

            En su corta edad, Tania Caridad nos dejó unos versos donde ella dice:

 

Mi mar

 

    Me preguntaste ayer qué me gusta más que el mar

fue tan fácil responder

no existe nada en el mundo que me pueda gustar más

si me preguntas porqué, no sé si pueda explicar.

 

    Me gusta verlo calmado, sirviéndole al Sol de espejo

y si refleja la Luna, no sé cuántas cosas siento

me gusta sentir la arena, perdiéndose entre mis dedos

y acostarme sobre ella para buscar mi lucero.

 

    Me encanta si está furioso, en esas noches de invierno

cuando sentada en la playa tengo como amigo al viento

él me trae los recuerdos más bellos de mi niñez

y con ellos las nostalgias de aquél que nunca olvidé.

 

     Me fascinan sus misterios, me aterra su inmensidad

y pensar que él está tan lejos me da ganas de llorar

para mí ellos dos son uno y no lo puedo evitar

si no importa lo que haga, él sigue siendo mi mar.

 8-27-94

 

            Todo está en silencio. Blanca parada en el balcón mira a lo lejos el mar, y de él le llegan los recuerdos de su Tania, que amaba el mar. Ella desea vivir hora por hora, minuto por minuto, en una serenidad inalterable. Que nadie rompa su paz interior, de luz. El tiempo camina lentamente, y los recuerdos llegan. Se desliga de todo lo que le rodea, el transcurso de las horas y días. El cielo está limpio, y las horas van pasando lentas. El aire vivo y sutil le tonifica los nervios. ¡Oh sueños felices de amor y contento! Ella quisiera detener el tiempo, es algo imposible, porque al darnos cuenta han pasado días, semanas, meses y años.

 A Tania Caridad con mucho amor,

 René León

 

 

 

Visita de la corbeta-escuela española "Nautilus" a la Habana

 

 

René  León

 

  La guerra entre España y Cuba, terminó el 12 de agosto de 1898. Estados Unidos de Norteamérica entró en ella cuando ya el ejército español estaba derrotado por las fuerzas cubanas. El 20 de mayo de 1902, Cuba se integra a los gobiernos  establecidos en el mundo hispano. Las relaciones con España siempre fueron cordiales, no hubo en la derrota ni persecuciones, ni venganzas contra los españoles y sus simpatizantes. Ningún barco de guerra español había visitado la isla. En un principio el gobierno español esperaba que al llegar al puerto de La Habana la corbeta-escuela "Nautilus", no fuera bien recibida por el pueblo cubano, sin embargo ningún rescoldo hubo entre cubanos y españoles, se respiraba un aire de hermandad y fraternidad.

  El 24 de junio de 1908 el vigía del Morro señaló a lo lejos en el horizonte las velas del barco español. La entrada al puerto se encontraba llena de pequeños botes, veleros, barcos y el remolcador que lo iba a esperar para llevarlo dentro de la bahía. Las playas cercanas y el Malecón estaban llenos de público. Los edificios colindantes a la bahía estaban adornados con banderas de Cuba y España. La ciudad entera les iba a brindar un recibimiento apoteósico.

  El Ayuntamiento de La Habana acordó tomar parte activa en los festejos que durarían catorce días en honor de los marinos-cadetes y oficiales españoles. Las sociedades regionales, comerciantes, industriales, veteranos cubanos de la guerra de independencia, miembros del congreso, funcionarios americanos , el pueblo en general los recibió con entusiasmo y cariño. La visita del "Nautilus" marcaba para la historia de Cuba y España una página de gloria, y sincera amistad.

  Los voladores dieron la señal de la entrada de la corbeta-escuela,  el pueblo en general sin distinción de clases corrió hacia la Avenida del Golfo. Todas las embarcaciones, llenos sus palos de banderas y adornos, los esperaban a la entrada del puerto, para luego escoltar la corbeta dentro de la bahía. El remolcador "Pablo Gamiz" fue en busca del "Nautilus". Al entrar en la bahía las baterías del Morro retumbaron con los cañonazos de saludo. Las sirenas de los barcos, gritos de "Viva Cuba" y "Viva España", de entusiasmo llenaron la ciudad.

    Subieron a bordo las diferentes comisiones de recibimiento. La primera fue la del Ayuntamiento y los veteranos de la guerra de   independencia, con un representante del gobierno interventor americano. Las Sociedades Españolas, los diarios de la ciudad que desde el conocimiento de la visita habían participado en el recibimiento, estaban representados por el Diario de la Marina, Unión Española, Diario Español, Avisador Comercial, El Comercio, La Lucha, El Mundo, El Triunfo, Havana Post, El Fígaro, Cuba y América, y otros.

  Fueron días de regocijo en general, los marinos y oficiales fueron invitados a las diferentes sociedades, hospitales, clubes; se dieron bailes y comidas en honor de ellos, recibimiento que ellos nunca olvidarían.

  Sobre la visita varias personalidades cubanas se expresarían así :

    Néstor Carbonell: "La unión de cubanos y españoles, -que nada ni nadie romperá- ha dicho en tono imperativo a los codiciosos que han venido a esta tierra a sacar de sus entrañas oro, a corromper nuestras costumbres, a dividir sus habitantes y a prostituir la conciencia popular, que la independencia de Cuba está como nunca asegurada; asegurada para ahora y para después, y para mientras impere en los pechos cubanos el amor y el patriotismo".

    Enrique José Varona: "No sólo para los cubanos, sino para cuantos se interesan por Cuba, resulta un hecho altamente satisfactorio la visita de la "Nautilus". El influjo de las ideas de nuestra época es bien visible  en este suceso, y puede parangonarse con otros ocurridos a nuestra vista. Todos tienden a demostrar que las ideas políticas han entrado en un período de apaciguamiento, el cual promete días mejores a la conturbada humanidad".

    José Lacret Morlet: "En ninguna ocasión más propicia podrían haber llegado  esos distinguidos españoles, y decimos esto porque en ningún momento como en el presente, en las circunstancias en que nos encontramos (intervención americana) precisa es y hasta salvadora la unión más estrecha y fuerte entre cubanos y españoles, para conservar en esta tierra que fue rico florón de Castilla, hoy República de Cuba, la raza de nuestros antepasados, su amor y civilización. La presencia del "Nautilus" en nuestras aguas  lejos de avivar recuerdos y odios pasados, fortifica el sentimiento y alienta el espíritu nacional del pueblo cubano".

Al referirse las anteriores personalidades a la situación de Cuba, se refieren a la intervención americana en el país, al pedirla el presidente don Tomás Estrada Palma, para no entregar el gobierno a manos del congreso, que fue la más grande estupidez de Estrada Palma.

  Como es natural siempre hay comentario contrario y fue un artículo en el Sun de Nueva York, relativo a la visita del "Nautilus": "Diez años después de la guerra que separó a España del resto de sus colonias del Nuevo Mundo, el pequeño  barco escuela "Nautilus" ansiosamente esperado, por su tardanza en el Atlántico, entró en el puerto de la Habana, cruzando a remolque las sombras del Morro y la Cabaña, (de sangriento recuerdo está última,) como si estuviese reacia a figurar en los festejos que los españoles expatriados preparaban en su honor, por ser la primera nave de guerra que enarbolando la bandera roja y gualda de España, llegaba a Cuba después de su independencia... La guerra con los Estados Unidos, largo tiempo esperada  y siempre temida, le arrebató las últimas joyas de su corona colonial, y hoy vive escondida en su última concha "Nautilus".

  Como es natural el Sun siempre se había distinguido por las críticas a España y a los mismo cubanos durante la guerra de independencia. Pero entre tanta inmundicia, el corresponsal del Diario Español en Washington, publica la historia del célebre capitán Richmond Hobson, que hundió el "Merrimac", diputado por Alabama, en una conferencia dada en la Academia Naval de Annapolis, a los guardiamarinas americanos, al referirse a lo que él entiende por deber y disciplina, en los marinos o soldados, cuenta la historia de lo sucedido en Santiago de Cuba, después de terminada la batalla naval. Pide permiso  para visitar el barco español semihundido "Vizcaya": "...allí vi a un marinero español, completamente carbonizado que, por un raro fenómeno de equilibrio, se mantenía de pie y agarrado a las manivelas de la válvulas de vapor. La muerte le sorprendió en esa actitud. Cuadro tan terrible y tan hermoso, me produjo tal emoción que me quité la gorra ante aquel héroe anónimo y modestísimo marinero del "Vizcaya" y pensé: "Esta es la estatua del Deber". "Jóvenes, pensad en el marinero español carbonizado".

  Otra anécdota también del Diario Español, fue la referida a él por el comandante del crucero "Nevada", H.P.Huse: "Era por la tarde, ya casi al final de la batalla: hacía un calor terrible. Yo estaba de servicio en el "Glowcester". De repente un oficial dio la voz de alerta. Uno de los torpederos españoles se nos venía encima. Como es natural, todos los fuegos de nuestro barco se concentraron en el diminuto barco español (el "Plutón" o el "Terror", si mal no recuerdo) sobre él mandamos una verdadera lluvia de metralla. Claro es que nosotros, la oficialidad, no perdíamos de vista al torpedero español; con los anteojos podíamos ver la cubierta; los marineros españoles, unos inmóviles...¡muertos! otros arrastrándose por el puente...heridos que aún luchaban entre la vida y la muerte: los charcos de sangre que iban de babor a estribor o de proa a popa según el balance de la nave. Desde el barquito español no se hacía ni un disparo. No obstante seguía avanzando sobre nosotros. De pronto, de una de las escotillas del barco vimos salir a un oficial español, descalzo y ensangrentado o lleno de manchas de sangre: con la gorra tirada hacia atrás miró aquel espectáculo espantoso de hombres muertos o agonizando; de piezas desmontadas... ya estaba tan cerca el torpedero que hasta disparábamos con los cañones revólvers, sin buscar protección  de ninguna clase, aguantó de frente, y al descubierto tan terrible fin, como el que ya espera nada más que morir, pero morir como un bravo, y con la sangre fría y con un valor admirable, sacó una petaca, hizo un cigarrillo de papel, encendió una cerilla y guardando el equilibrio como pudo para no escurrirse en los charcales de sangre que corrían por la cubierta, se puso a fumar impávido... En aquel momento me apercibí de que el timón del torpedero estaba hecho pedazos; que el barco estaba sin gobierno: que la corriente era la que lo traía a la boca de nuestros cañones y mandé parar el fuego... vimos que aquel oficial era el único superviviente de la nave. Espontáneamente, de todos los pechos de los tripulantes, salieron tres ¡hurras! francos y nobles, vibrantes de entusiasmo y admiración por aquel valiente caballero oficial de la marina española, y era curioso el ver a los marineros americanos vitorear a España, en el mismo momento de la lucha, cuando las pasiones son más violentas... Siento no recordar el nombre del oficial español, pero si alguna vez tiene usted, (al reporter del Diario Español) oportunidad de verlo, hágale usted saber el profundo respeto y admiración por él". Esos son dos ejemplos del valor de los marinos españoles.

  A las dos de la tarde, del 9 de julio de 1908, se oyó la voz de ¡babor y estribor de guardia!. El remolcador tomó las estachas y lentamente fue moviendo al "Nautilus" fuera de la bahía, pasando frente al "Morro" y "La Cabaña". El Malecón habanero, desde la calle de San Lázaro, a los muelles de Luz, y las azoteas de los edificios se encontraban llena de público. Al quedar libre el "Nautilus" fuera de la bahía, se fue alejando lentamente, los últimos barcos que lo iban acompañando  se fueron retirando, las sirenas sonaban, las campanas de las iglesias cercanas lo despedían. El recuerdo de la visita de los marinos españoles había quedado en el corazón del pueblo cubano.

 

 

E.P.D.

EL PAPA DEL PUEBLO

 

            En este mundo de cambios bruscos y de desavenencias entre los hombres, es un caso extraordinario haber contado con un Papa quien fue un líder nacido, el que cumplió con su rebaño espiritual y llegó a ser de una influencia mundial enorme.

            Juan Pablo II logró establecer cambios necesarios en la Iglesia, aunque actuó con cautela acerca de innovaciones drásticas que pudieran haber tenido consecuencias y, tal vez, dividido a la Iglesia Católica.

            Ser ‘un hombre bueno” no fue suficiente para Su Santidad. Dotado de una extraordinaria vitalidad y, por haber sido Karol Woijtila un atleta y cantero profesional en su vida secular, se le considera el Papa más viajero de todos los tiempos. Por supuesto que, en estos días, el Sumo Pontífice contó con los adelantos del transporte mundial; en todo caso, cualquier persona que viaje internacionalmente podría atestiguar el abatimiento que significa el viajar a diversos países, de distinto horario geográfico, además de la continua movilización dentro del país visitado.

            Habría que considerar aquí que el Santo Padre ejecutó estos viajes hasta sólo semanas antes de su deceso, a los 84 años de edad. En vez de esperar que las congregaciones viajaran a tener una entrevista personal con el Papa. o pedir a sus representantes que intercedieran por ellos, nuestro Pastor viajó hacia sus dirigidos, a sus países y a sus templos, para tener un contacto más cercano con sus fieles.

            ‘El Papa del Pueblo”, como fue llamado, fue un hombre bondadoso y abierto de corazón, muy sincero y con una gran preocupación por los niños y los mayores, además del resto de su grey. Poseyó un sentido del humor respetuoso y sin herir susceptibilidades.

            Entre las tantas anécdotas que se recordarán de este Papa, hay una acerca del escritor y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, quien estaba en la comitiva que recibió al Papa Juan Pablo II al visitar Managua. Cardenal se presentó a dar la bienvenida al Santo Padre sin su hábito sacerdotal. Testigos del hecho cuentan que el Pontífice lo reconvino seriamente por no haber cumplido Ernesto Cardenal con el protocolo de la iglesia. Al mismo tiempo, será difícil olvidar las tiernas escenas de Su Eminencia, cuando bendecía a los niños y posaba los labios sobre sus caritas algo confundidas acerca de quién era el que los acariciaba con tanto amor.

            El Pastor de sus ovejas trabajó y rezó hasta dos horas antes de morir; ya que no podía hablar, señaló a los cardenales que debían movilizarse para participar en el nombramiento de su sucesor.

            El Primado de la iglesia llegó a ser una figura de gran influencia en la mayor parte del mundo, logrando ser un persona de significado político muy considerado y sin que el Papa se convirtiera en un político, propiamente tal.

            Recordemos, meramente, su exitosa intervención para lograr que Polonia, su patria natal, fuera un país libre, de nuevo. Otro aspecto interesante de su Papado, fue el dominio de una cantidad asombrosa de lenguas extranjeras que el Papa podía utilizar para servir a su gran congregación.

            En comparación con Papas anteriores, recordamos que, de muchachos, nos admiraba las pocas veces que podíamos ver al Santo Padre de ese entonces, en los noticieros fílmicos o en las fotos de los diarios. En cambio, Juan Pablo II apareció prácticamente cada semana en la televisión y, ello, además del contacto personal que tuvo con sus hijos, en sus diversos viajes.

            Dicen que Dios sabe lo que hace y no tengo intención alguna de discutirlo, pero es mi opinión que hemos perdido a un paladín del Cristianismo, capaz de influir en este álgido mundo y cuando más necesitan los hombres de comprensión, perdón y el ejemplo de la extraordinaria figura pública y eclesiástica del recordado Papa Juan Pablo II.

 

 

El cese del Colonialismo Español en Cuba se hizo público en Cuba, el 31 de diciembre de 1898

 

    El 10 de septiembre de 1898 se reúnen por primen vez; en la ciudad de La Habana, las comisiones militares (española y norteamericana) para la evacuación de las tropas españolas y la entrega del poder total a las autoridades americanas. Por la parte de España, el general segundo cabo Julián González Parrado, el al mirante Vicente Manterola y el licenciado Rafael Montoro, Marqués de Montoro, secretario de Hacien da del gobierno autonómo, el secretario auditor Manuel Gitante y de intérprete el comandante J. Benítez; por la parte americana el almirante William T. Sampson y los mayores generales James T. Wade y M.C.Butler, figurando de secretario el general J.W. Clous, y de intérprete el capitán C. Hart. Los cuales tomaron los acuerdos finales para la entrega de poderes para el 1 de enero de 1899.

    Los cubanos contentos por saber que pronto el poder español finalizaba confiaban en las autoridades americanas, que después de elecciones generales entregarían el poder a los cubanos. La incertidumbre era general y sabían que la intervención, era la última etapa.

    El Comité Patriótico de La Habana, solicitó autorización al general W. Ludlow, que era el comandante de la plaza, el permiso para celebrar durante una semana, con actos públicos, el cambio de bandera, permiso que le fue negado, el 29 de diciembre, por el general Ludlow, y decía que “...para evitar el desorden y conservar la paz pública, supremo deber de todos durante este crítico período” y agregaba “las autoridades americanas simpatizan plenamente con el sentimiento cubano de alegría y al propio tiempo, más adelante, cuando la situación se hallé más consolidada tendrán el placer en promover y tomar parte en los proyectos...” En todas las ciudades y pueblos se hizo lo mismo. El general John R. Brooke invitó a los miembros del Ejército Libertador, que eran residentes de La Habana, para que acudiesen al”Hotel Inglaterra” a las 11 de la mañana del 1 de enero, “,.con uniforme y armas, si lo estimaban conveniente , para que los acompañaran en el acto de traspaso de poderes. Los oficiales respondieron que iban a participar en la ceremonia de cambio de banderas y de poderes.

    Perfecto Lacoste, presidente de la Junta Patriótica, se dirigió al pueblo de Cuba, el 31 de diciembre, haciendo un llamado, y terminaba con estas palabras: “¡Cubanos! ¡A las 12 del día de mañana, al resonar el primer cañonazo que señala la terminación del dominio español en Cuba, engalanemos nuestras casas!”

    Desde las primeras horas de la mañana del 1 de enero de 1899, las tropas norteamericanas fueron ocupando las plazas y calles principales de la ciudad. El pueblo en general ese día madrugó temprano. Era el día final de la dominación española en el Nuevo Mundo. El general Fitzhugh Lee, al frente de su tropa, la división del 7º Cuerpo compuesto por 7,500 soldados se situó a todo lo largo de la calzada de San Lázaro. En la Plaza de Anuas y en los alrededores la Cortina de Valdés, se encontraban las tropas americanas, para esperar la sustitución de la bandera española por la norteamericana. Los regimientos 8vo y l0mo cuidaban el orden en el área señalada.

    Faltando quince minutos para las doce, se presentaron la oficialidad americana y los generales cubanos invitados. En el Salón del Trono de la Casa del Gobierno el general Jiménez Castellanos, acompaña do de su Estado Mayor, recibió a las autoridades americanas. Cuando empezó a sonar el reloj del Palacio de Gobierno a las 12 del día, una salva de 21 cañonazos saludó la enseña española que descendía del mástil, izándose después con 21 cañonazos la bandera norteamericana. El general Jiménez Castellanos leyó el documento de entrega de poderes