ALGO DE LA HISTORIA DEL CENTRO CUBANO EN ESPAÑA

 

       Fue en enero de 2002 que comencé con esta breve historia del Centro Cubano de España en capítulos o por entregas, como si de un serial se tratase, para la WEB del Centro. En diciembre de 2004 la interrumpí –si temporal o definitivamente no lo sé-, por lo que la misma está inconclusa.

       Se me ha pedido que la actualizara convenientemente para insertarla de nuevo en la WEB, esta vez como una unidad, y puse manos a la obra. He aquí el resultado:

 (I)

 

       He decidido darles unas vacaciones a mis queridos Emigrantes Españoles a Cuba para escribir un poco de otros que cruzaron el "charco" (el Atlántico) en sentido contrario, es decir, de Cuba a España. Lo haré de algunos de los fundadores del Centro y también de algunos de sus socios de a pie a los que conocí, aunque a muchos sólo de vista o de oídas. De unos ofreceré breves reseñas y de otros sólo sus nombres y apellidos, aunque trataré de acompañarlos de algunos datos biográficos, si los consigo. No pretendo hacer un Who' s Who, ni mucho menos. Lo mío es más modesto.

       Previamente deseo señalar que el 99% -por no decir todos- de los que cruzaron el "charco" en aquellos tiempos eran exiliados. De emigrantes no tenían ni un pelo. En mi humilde opinión, emigrante es el que va a residir a otro país, sin que medien motivos políticos, para trabajar temporal o permanentemente en el mismo. Exiliado, en cambio, es el que sale del país donde nació o reside por principios ideológicos, por motivos políticos, y al que no volverá ni de visita mientras no desaparezcan las causas que motivaron su salida. Por eso, para mí perdieron esa condición los que la tuvieron durante muchos años al ir ahora a "turistear" (hacer turismo) a Cuba, contribuyendo así con aportaciones pecuniarias ($ USA) al sostenimiento de la tiranía. Y para mayor INRI regresan diciendo que "aquello está bastante bueno". Esos ni son emigrantes ni exiliados. No me refiero a los que van a Cuba por razones humanitarias, que son los menos.

       Durante la década de los 60 (incluyo 1959) uno de los destinos escogidos (no había mucho donde elegir) por los futuros exiliados era España. Hasta la Crisis de Octubre de 1962 muchos abandonamos Cuba en barcos españoles. A partir de entonces las salidas sólo fueron por avión. La gran mayoría de los que llegaban al Aeropuerto de Barajas eran cubanos, aunque también lo hacían españoles, "polacos" (judíos los más), chinos, libaneses, sirios, etcétera. Casi todos eran ciudadanos cubanos, como el autor de esta colaboración. Unos se quedaron a vivir en Madrid, otros se trasladaron a provincias, pero la mayor parte, tan pronto pudieron, volvieron a cruzar el "charco" aunque en esta ocasión rumbo a Estados Unidos. Los que llegamos a España en los primeros años de aquella década veníamos convencidos que pronto regresaríamos a Cuba. Era imposible, decíamos, que a 90 millas... Después del fracaso de Bahía de Cochinos y la desaparición casi total de la resistencia y clandestinaje en las ciudades, las esperanzas de ese cercano regreso se fueron esfumando. Sólo se mantenían enfrentados al régimen los valientes del Escambray que, en inferioridad de condiciones, fueron eliminados sin piedad, sin compasión alguna, al ser lanzados contra ellos más de cien mil hombres en la operación conocida como la "limpia del Escambray". Por USA anda uno que en su momento hizo la apología de aquella campaña contra los alzados, calificados por la tiranía de bandidos. De esa clase de conversos, de los que durante muchos años aplaudieron, jalearon, todas las atrocidades (fusilamientos, torturas, vejaciones, etcétera) cometidos por el tirano y su cuadrilla, yo no me fío y creo que el día de mañana deben rendir cuentas...

       El régimen marxista-leninista se consolidaba, para lo cual contaba con el apoyo de la URSS. Por otra parte, los americanos, después de los acuerdos secretos firmados con los soviéticos durante la Crisis de los Cohetes, trataban de que los exiliados molestaran lo menos posible al tirano desde suelo americano.

       Ante esa realidad, algunos de los cubanos residentes en Madrid empezaron a considerar la conveniencia de formar una asociación, una institución -un lobby en realidad- con el fin de ejercer influencia en los medios de comunicación españoles y europeos y en sus respectivos gobiernos poniendo al descubierto la verdadera realidad de la tiranía cubana que gozaba de millones de admiradores en el Viejo Mundo. Asociación que, a semejanza de los centros regionales españoles en Cuba, aunque a escala reducida, llevaría a cabo también una obra de beneficencia consistente en prestar apoyo, tanto espiritual como material, a los cubanos necesitados que se encontraban en Madrid.

       La idea de crear esa asociación partió del Dr. Rafael Sánchez Losada, ilustre abogado y notario cubano. A tal fin se creó una comisión formada por los señores Julio Lobo Olavarría, Enrique Tous Pons, Adolfo Fernández Arenas, Jesús Manzarbeitia Gurruchaga y Guillermo Arruza Inchauti; comisión que inició las gestiones pertinentes para dejar constituida legalmente la asociación. Los cinco tenían una ventaja muy importante en aquellos años y era la de carecer de preocupaciones económicas (la gran mayoría las teníamos y grandes) lo que les permitía dedicarse a esas gestiones -duraron casi dos años- el tiempo que fuese necesario. Se entrevistaron con tres Ministros sin éxito alguno pues no eran favorables al establecimiento en Madrid de un Centro Cubano opuesto al régimen de La Habana. En parte era lógica esa postura pues en la Isla todavía residían bastantes españoles y además se estaban haciendo buenos negocios con Cuba como eran, por ejemplo, la construcción de barcos pesqueros. La confiscación (robo) de propiedades a sus ciudadanos no tenía mayor importancia para el Gobierno de Franco. Los "gestores" siguieron insistiendo hasta que don Camilo Alonso Vega, ministro de Gobernación, dio el visto bueno, la autorización, limitada a actividades sociales, culturales y deportivas aunque la política siempre estuvo presente en el ambiente del Centro.

       De aquella comisión no formó parte Sánchez Losada porque cuando se creó ya no residía en Madrid. Se había trasladado a Venezuela por motivos de trabajo. Allí falleció años más tarde. A pesar de la distancia siempre estuvo unido al Centro del que fue socio distinguido. El 21 de mayo de 1966 el Centro quedó inscrito en el Registro Nacional de Asociaciones de ese Ministerio, hoy en día de Interior. Y en ese mismo mes abrió las puertas en un piso (apartamento) ubicado en la Plaza de Santa Bárbara de Madrid, siendo su primer presidente don Julio Lobo y Olavarría de 1966 a 1971. Antes de finalizar 1966, o tal vez a principios de 1967, el Centro fue trasladado a otro piso mayor sito en la primera planta del No.41 de la calle Claudio Coello, distante unos cien metros de la hermosa Plaza de Colón, y allí radica desde entonces.

       A los pocos días de su apertura, la noticia apareció en la primera página del periódico REVOLUCIÓN que, más o menos, decía así: “el zar del azúcar, Julio Lobo y otros latifundistas y contrarrevolucionarios abrieron un club en Madrid denominado Centro Cubano de España”. Esta noticia la leyó en La Habana un cubano-asturiano que a los pocos meses llegó a España y que más tarde fue presidente del Centro en tres ocasiones: 1978-1980, 1986-1988 y 1992-1996. Me refiero a Roberto Fernández Riaño.

 

II

 

       A propósito del Acto en honor del Dr. Gómez Hernández, he decidido continuar la historia del Centro Cubano de España con su biografía.

       El Dr. Oscar Gómez Hernández, fundador y miembro siempre de las Juntas Directivas del Centro Cubano de España, nació el 27 de enero de 1921 en el número 20 de la calle Calzada del Vedado, La Habana, estudió en el Colegio de La Salle graduándose en 1938 de Bachiller en Ciencias y Letras, y de médico en la Universidad de La Habana en el año 1944. De 1944 a 1949 ejerció la profesión en EE.UU. y amplió estudios especializándose en otorrinolaringología.  A su regreso a La Habana empieza a trabajar en el Hospital Municipal Infantil, al lado del Dr. Abelardo Codinach, uno de los mejores otorrinos de la época. Posteriormente lo hace en el Hospital Ángel Arturo Aballí con otro gran médico, el Dr. José María Rouco, pariente del Arzobispo y Cardenal Antonio María Rouco Varela, del que es un buen amigo el Dr. Gómez.             Quiero resaltar que Oscar es un buen católico practicante sin fisuras de ninguna clase en su fe. Los últimos años de su estancia en Cuba laboró en el Hospital Nacional Infantil" William Soler" ubicado en el Reparto Alta Habana. En el Edificio Médico del Vedado tuvo también su consulta privada.

       El 1º de agosto de 1961 en el barco "Guadalupe" salió de Cuba con su esposa Rosalía Díaz .v sus hijos Oscar y Jorge, fijando su residencia en Madrid donde con el tiempo aumentó la prole con el nacimiento de María Guadalupe y María Rosalía. Su señora había nacido en Liérganes, Santander, y a los dos años, en compañía de sus padres que ya habían estado en Cuba, embarcó para La Habana. Lamentablemente falleció hace tres años. Q.E. P.D.

       El 1º de octubre de 1961 se incorporó como Subdirector Médico al Laboratorio PFIZER donde trabajó durante 23 años, los diez últimos como Director Médico. En 1984 se jubiló, aunque continuó ejerciendo la profesión en su consulta privada hasta hace poco. Trabajando en PFIZER había revalidado la carrera pasando en 1966 a ser miembro del Colegio de Médicos de Madrid con el No. 13,552, siendo designado Colegiado Honorífico del mismo, años después. El que suscribe da fe de que sus manos como cirujano eran maravillosas. En 1967 le extirpó las amígdalas que le ocasionaban frecuentes catarros y fiebres en aquellos crudos inviernos madrileños. Remedio santo.

       En 1992 fue designado Presidente del C.LR. (Comité Internacional de Rescate­ España), habiendo ocupado ese cargo honorífico hasta el 2001.

       Desde la fundación del Centro, el Dr. Gómez formó parte de sus Juntas Directivas. Me ha facilitado los  nombres de las personas que integraron la primera Junta, constituida el 17 de junio de 1966 de acuerdo al Artículo 16 de los Estatutos del Centro. Fueron éstos: Julio Lobo, Presidente; José Ignacio de la Cámara, Primer Vicepresidente; Jesús Manzarbeitia, Segundo Vicepresidente; Guillermo Arruza, Tercer Vicepresidente Adolfo Arenas, tesorero; Guillermo García Tuñon, Vicetesorero; Enrique Tous, Secretario; y Carlos F. de Armenteros, Vicesecretario. Los vocales eran la señora Helena Lobo de Montoro, Eustiquiano Gómez (el único español, ciudadano cubano, por supuesto), Dr. Felipe Salcines, Angel Lavandera, Mariano Castro, Gastón Baquero, Juan Cross, Dr. Oscar Gómez, Virgilio Remos y Manuel F. Goudie.

       Salvo Jesús Manzarbeitia, Guillermo Arruza, Virgilio Remos, Enrique Tous y el Dr. Gómez, el resto han fallecido. ¡Que en Paz descansen! Los tres primeros viven en Miami y entre nosotros, aquí en Madrid, Enrique y Oscar.

       Sin lugar a dudas, el Dr. Oscar Gómez ha sido una de las más relevantes figuras de la historia del Centro Cubano de España.

 

(III)

 

       Aunque en agosto de 1966 ya era socio del Centro Cubano de España, (CCE para abreviar), lo fui por poco tiempo y no muy activo que se diga. En noviembre de 1971 me di de baja al trasladarme con mi familia para Puerto Rico donde viví veinte años, como ya dije en otras ocasiones. Durante aquellas dos décadas perdí todo contacto con el CCE lo que constituye un handicap al pretender ahora escribir algo de su historia, viéndome obligado a recabar la ayuda para ello de mis dilectos amigos Enrique Tous Pons, Roberto Fernández Riaño y el Dr. Oscar Gómez Hernández. Posteriormente tendré que hacerlo con otros buenos amigos, veteranos y distinguidos miembros de nuestra asociación, a la que de nuevo me incorporé en noviembre de 1991 al fijar mi residencia "definitiva" en Madrid

       Desde que salí de Cuba -el próximo julio hará 41 años-, siempre me desenvolví en un buen ambiente cubano. Así, durante el tiempo que viví en San Juan mi trato diario fue principalmente con cubanos exiliados, aunque también lo tuve con puertorriqueños de los cuales guardo un grato recuerdo y a los que considero mis amigos. Como simple socio de a pie (como lo soy del CCE), pertenecí a la prestigiosa CASA CUBA, sita a la vera de la preciosas playa de Isla Verde. La colonia cubana en la Isla del Encanto es muy importante y querida. Casi todos son, por supuesto, ciudadanos americanos, como son ciudadanos españoles casi todos los cubanos exiliados que viven en España. Si usted, estimado internauta, no conoce Puerto Rico, le recomiendo que lo visite, preferiblemente antes del verano y, de ser posible, en Navidades, que son de maravilla. Allí se vive en democracia y en abundancia, no como en otra añorada isla del Caribe que desde hace cuarenta y tres años está sometida a la cruel tiranía castrocomunista que ha fracasado rotundamente en todo lo que ha emprendido.

       Mi colaboración anterior versó sobre el Dr. Gómez Hernández.. Dados sus méritos, también le dedicaré unas pocas líneas en la presente. Además de galeno, Oscar es poseedor de una gran cultura, buen prosista y poeta, magnífico orador, excelente maestro de ceremonias y animador, con grandes condiciones de actor cómico como lo ha demostrado, por ejemplo, en muchas de las fiestas de los Reyes Magos que han tenido lugar en el CCE, disfrazado de payaso para regocijo de niños y adultos. Es también todo un especialista en la organización de festivales y espectáculos artísticos, como fueron los tres GRANDES FESTIVALES celebrando el 20 de MAYO en el desaparecido TEATRO CIRCO PRlCE DE MADRID, el primero de los cuales tuvo lugar en 1967, siendo estrenada en esa ocasión la melodía "Cuando salí de Cuba" del insigne Luis Aguilé, buen amigo del exilio cubano.

       Oscar me ha donado un PROGRAMA del III GRAN FESTIVAL que se incluye a continuación en esta página Web.

 

TEATRO CIRCO PRICE

Plaza del Rey, 3 

Madrid, domingo 18 de mayo de 1969

A las 11:30 de la mañana

 

III GRAN FESTIVAL

Organizado por el CENTRO CUBANO DE ESPAÑA

para celebrar el DÍA DE LA PATRIA (20 de mayo)

con el concurso desinteresado de las principales figuras artísticas de ESPAÑA y CUBA

 

ANIMADORES

Armando de Zayas, Baby Álvarez y Dr. Óscar Gómez

 

ELENCO ARTÍSTICO (POR ORDEN ALFABÉTICO)

 

ARTISTAS ESPAÑOLES

 

Rafaela Aparicio

Pilarín Alvarez

Perla Cristal

Antonio Casals

Cassen

Conchita Márquez Piquer

Antonio Molina

Ana Nicola

María Dolores Pradera

Mayte Pardo

Armando Calvo                             

Carmen Palmer

Iran Eory                           

Pedrito Rico (acompañado de Juan  El Brujo)

Josele y su grupo gitano                 

Los Relámpagos y las Go-Go girls

María Rosa acompañada por Díaz Criado

Sarita Montiel                                

Laura

Jaime de Mora                              

Santos - Zori y Codeso

Los Monti y sus rumberos gitanos  

José Toledano

Venancio Muro                             

Jesús Tordesillas

Conchita Velasco                          

Laura Valenzuela

ARTISTAS  CUBANOS

 

Juan Bilbao

Luis García

Óscar Gómez Jr.

Joseph and Joseph (José Guerra y José Dolores   Quiñones)

Juanito Márquez

Martha y Chekis

Armando Oréfiche

Los Rivero

 

 

       Otro entrañable amigo, Jesús Carrasco González, Presidente del CCE de 1996 al 2000,  me entregó en condición de préstamo -es una joya histórica- el núm. 4 del Boletín Informativo del Centro Cubano de España de noviembre de 1969, que además de contar con brillantes artículos,  reseña varias de sus actividades.

       Entre los Actos Conmemorativos figura la Misa celebrada el 8 de septiembre en homenaje a la Virgen de la Caridad del Cobre en la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad ubicada en la calle Mesón de Paredes, oficiada por el Padre Moreno que se encontraba de paso en Madrid. Como la Iglesia resultó pequeña, los fieles estaban en la calle debido a la gran cantidad de asistentes estimados en 2.000. Predicó el Padre Gerardo González.

       El 10 de octubre se conmemoró El Grito de Yara. El principal orador fue el doctor Leonel Antonio de la Cuesta. La parte artística, presentada por la polifacética Dinora Ayala, contó con la actuación de la gran cantante Sandra Haydé que fue acompañada al piano por el maestro Armando Oréfiche.

       El 12 de octubre se celebró el Día de la Raza. Abrió el acto el doctor Carlos Felipe de Armenteros. El Padre Merito González Artigas bendijo la tierra traída de La Habana e Isla de Pinos. La parte artística contó con la intervención del famoso tenor Miguel de Grandy acompañado por nuestro querido pianista José Luis Fajardo. El joven compositor Oscar Gómez Díaz y su hermano Jorge nos deleitaron con algunas de sus obras. Presentó a los artistas nuestro admirado y querido showman Dr. Óscar Gómez.

       Y entre las Actividades Artísticas cabe destacar el Festival Olga de Cuba el 22 de julio, a la cual se rindió un gran homenaje. Estuvo acompañada por el maestro Juan Bruno Tarraza. También participó Oréfiche. Como el aforo del Centro era insuficiente, numeroso público siguió desde la calle la actuación de nuestra cantante que al darse cuenta de esto se dirigió a ellos desde un balcón haciéndolos partícipes así de su actuación

       Entre las Actividades Recreativas en los salones del Centro también tuvieron lugar Cine, Teatro y Bingo. El 19 de septiembre se proyectó "Gigante"; "Le soleil dans l'œil" cedida por la Embajada francesa, el 26 de septiembre; “Apolo X-Xl" el 3 de octubre, cedida por la Embajada de EE. UU.; "Molly Brown" el 18 y  19 de octubre; y "El Último Homicidio" el 25 de octubre.

La obra de teatro del gran Alfonso Paso "Desde Isabel con amor" se puso en escena el 15 de agosto. Tuvo mucho éxito.

       Y el nuevo ciclo del Bingo dio comienzo el 11 de septiembre celebrándose todos los jueves, cuya recaudación se destinaba a obras benéficas y sociales. El director de sala era el gran Dr. Oscar Gómez Hemández que en una fotografía del Boletín aparece micrófono en mano cantando los números. Parece un galán de cine.

       De aquel 1969 guardo un recuerdo entrañable e inolvidable. El 31 de diciembre lo pasé en el Centro Cubano de España en compañía de mi esposa. Había un fiestón. Lo singular era que Bobi se encontraba en estado de buena esperanza. Cuatro meses más tarde trajo al mundo a Pitín, que ya nos hizo abuelos.

 

(IV)

 

       Paso a escribir de Enrique Tous Pons, de la vieja guardia del exilio cubano en España y siempre de los más comprometidos -siempre al pie del cañón- con la causa de la libertad de Cuba. Como ya dije en la primera colaboración de esta serie, Enrique formó parte de aquel quinteto (los Lobo, Manzarbeitia, Arruza y Adolfito Arenas eran los otros cuatro) que se movió por los despachos de varios Ministros de Franco en busca de la autorización pertinente para que nuestro Centro llegara a tener personalidad jurídica lo que lograron en mayo de 1966. Ocupó diversos cargos en sus Juntas Directivas, la Presidencia de 1975 a 1978. A pesar de sus achaques -­casi todos los setentones los tenemos- suele visitar el Centro de lunes a viernes. Por las mañanas lo hace los lunes, miércoles y viernes para comentar la actualidad cubana e internacional, charlar con algunos recién llegados de Cuba, y recoger el Diario Las Américas de Miami que el Centro recibe gratuitamente. Por las tardes también acudía al Centro para jugar al dominó, lo que ha tenido que suspender por la falta de un jugador, aunque confía en que pronto aparezca alguno para seguir jugando. Como buen amigo de Carlos Alberto Montaner, Presidente de la Unión Liberal Cubana., y afín a su ideario político, económico y social, suele llevar encima fotocopias de sus artículos -brillantes, por cierto- que entrega a sus amigos y conocidos y también a los que llegan de Cuba.

       Fumador empedernido de cigarrillos sostiene que eso de que el tabaco produce cáncer es un cuento chino. Como detalle curioso de su anatomía quiero señalar que desde 1952 vive con sólo las dos terceras partes de un riñón. El otro y la tercera parte del que conserva le fueron eliminados quirúrgicamente en la ciudad de New York hace cincuenta años.

Más de una vez lo animé para que escribiera sus memorias, lo que están haciendo muchos cantamañanas -él no lo es- que no tienen nada interesante que contar. Me respondía que todavía le quedaban muchos años de vida para hacerlo.

       Enrique nació el 19 de septíembre de 1927 en la calle Correa de la Víbora, La Habana. Sus padres fueron José Tous y María Pons, catalanes de Tarragona. En 1935 su padre, después de hacer una buena fortuna, se retiró y, con su esposa y sus cuatro hijos, se trasladó a Cataluña. A principios de 1936 don José regresa a la Habana para acabar de liquidar sus negocios, sorprendiéndole el estallido de la guerra civil en Cuba sin posibilidades de volver a España. Su esposa, después de muchas gestiones, logra embarcar en Barcelona con sus cuatro hijos en un buque de guerra francés con destino a Marsella, cuyas bodegas iban abarrotadas de fugitivos. Y en un trasatlántico italiano embarcan en Marsella para New York y de esta ciudad hacia La Habana en otro barco.

       Sus prímeros estudios los hace -años 1937 y 1938- en el Colegio de La Salle del Vedado. Durante los años 1940 y 1941 estudia en el Loyola College de los Jesuitas en Montreal, Canadá, cuya enseñanza era de tipo militar. Regresa a Cuba e ingresa en el Colegio de Belén donde cursa el primer año del bachillerato. Vuelve al Loyola College y allí permanece tres años graduándose en High School con la categoría de cadete del Ejército de Canadá. En 1946 regresa definitivamente a Cuba. Trabaja por el día en la firma Tous & Astorqui y por las noches estudia Ciencias Comerciales en la Universidad de La Habana. No concluye la carrera al prestarle más atención a los lucrativos negocios familiares, de los cuales era accionista mayoritario. La actividad más importante de esa compañía era la de ser Agente de Buques, controlando la carga y descarga de los mismos cuya principal mercancía era el azúcar al manejar más de 800.000 toneladas anuales en los 21 puertos con aduana de Cuba. Enrique es el único sobreviviente (era el más joven) de los siete ejecutivos de la Cámara de Comercio e Industria de aquel tiempo. Enrique me advierte que es probable que hayan algunos errores de poca monta en las fechas, en los años, que me ha dado de su época de estudiante.

       Como a tantos cubanos no le agradó el golpe de estado de Fulgencio Batista que. por cierto. resultó ser un niño de teta al lado del siniestro Fidel Castro, y participa en la lucha contra su dictadura desde las filas del Directorio Estudiantil Universitario y el Partido Ortodoxo en el que militaba Fidel al que había conocido en el Colegio Belén cuando ambos tenían respectivamente 14 y 15 años. Nunca fueron amigos, sólo conocidos.

 

(V)

 

       Como ya dije, Enrique se opuso a la dictadura de Batista y a los pocos meses del triunfo de la Revolución comienza a combatirla desde las filas del M.R.R. (Movimiento de Recuperación Revolucionaria), cuyo fundador había sido Manuel Artime, muchos de cuyos miembros fueron fusilados o cayeron heroicamente en combate. Éstos son los nombres de unos pocos de los fusilados: Rogelio González Corzo ("Francisco"), Manuel Guillot Castellanos, Antonino Díaz Pou, Jorge Fundora y Margarito Thorndike.

       A principios de abril de 1961, Enrique viaja a EE.UU. para entrevistarse con dirigentes del M.R.R. a fin de coordinar las actividades del movimiento en aquel país con las de la Isla. En Miami lo hace con Óscar A. Salas Marrero  y en New York con José Antonio Mestre Sirvén. En esa ciudad también participa en reuniones con figuras importantes del exilio como eran, por ejemplo, el Dr. José Miró Cardona, Manuel A. de Varona y Manuel Ray.

       El fracaso de Playa Girón lo sorprende en New York. A ruegos de su esposa, Yolanda González García.. y de sus padres -los de Enrique- ese mismo año de 1961 se traslada para España. Yolanda lo había hecho directamente desde Cuba en 1960 con sus seis hijos. En España aumentan la prole con otros dos herederos. En total son siete varones y una fémina. De nietos tampoco están nada mal: son dieciocho. No creo que haya muchos matrimonios cubanos en el exilio con tan abundante descendencia. No es un récord, pero sí un buen average.

       Ya tenemos a Enrique en Madrid. Corre el año 1962. Abre una oficina en la Gran Vía dedicada a negocios relacionados con barcos, fletes, etcétera. Sucesivamente crea estas compañías: Contrataciones Marítimas, Exclusivas Marítimas y Marítima Barlovento. No abandona, sin embargo, su actividad política, denunciando y combatiendo la tiranía cubana dentro de las pocas      facilidades que concedía el Gobierno de España a los exiliados cubanos.

       Ya se empezaba a fraguar la idea de establecer un Centro Cubano en Madrid de lo que ya escribí en su momento.

       No todos sus negocios fueron exitosos. Algunos lo achacan a la prioridad que siempre ha dado a la causa de la libertad de Cuba, de lo que está muy orgulloso y no se arrepiente. No todos los cubanos bien acomodados que residen en España pueden decir lo mismo. Muchos siempre se negaron a ser socios del Centro. Todavía están a tiempo; las cuotas son ínfimas y no les afectaran sus fortunas.

       Concluido este superficial curriculum vitæ de Tous, paso ya a escribir más en concreto del CCE.

       En sus primeros años de vida -nació en 1966-, en el mismo se impartían clases de geografía e historia a los niños cubanos, y a los mayores clases de inglés dado que el destino final de la mayoría eran los Estados Unidos. Había profesores cubanos, españoles y americanos. Todas las enseñanzas eran gratuitas. Y a propósito de ese destino final, es digno de mención don José María Ramón de San Pedro, presidente de la Trasatlántica Española que, por cierto, se había fundado en Santiago de Cuba en el siglo XIX. Pues bien, don José María facilitaba gratuitamente pasajes a muchos cubanos carentes de medios económicos en los barcos que hacían la ruta de puertos españoles a americanos. A lo sumo sólo cobraba el 10% del importe del pasaje. Ese trato preferencial lo había  conseguido Enrique dado que su padre tenía una gran amistad con San Pedro.

       También había un dispensario médico a cargo del Dr. Óscar Gómez Hernández que atendía a los cubanos carentes de medios para pagar una consulta privada. Como Óscar trabajaba en Pfizer tenía más facilidades para conseguir medicinas que recetaba y facilitaba a los enfermos. El Dr. Gómez también ejercía de psiquiatra. Había muchos deprimidos y no era para menos. La década de los 60 fue la más dura del exilio en España. El Centro también contaba con un ropero, gracias al cual muchos exiliados se protegieron del frío en aquellos crudos inviernos madrileños -bastante peores que los de ahora-, alojados además en pensiones cuya calefacción. si la tenían, dejaba mucho que desear.

       En lo deportivo el Centro contó con un equipo de béisbol. La idea de su creación partió principalmente de Sungo Carreras, famoso ex jugador profesional cubano. Sungo no llegó a disfrutar de los triunfos del equipo pues se trasladó a un país centroamericano con un buen contrato. Un servidor se lo encontró varias veces en la década de los 70 en San Juan de Puerto Rico. Charlar con Sungo era una delicia.

       Los uniformes, guantes, etcétera, se los regaló al Centro la Base Aérea Norteamericana de Torrejón de Ardoz que también tenía un team formado por americanos destacados en la misma. Se jugaba en el Estadio de La Elipa, popular barrio madrileño, cuya instalación eléctrica la había sufragado El Cortes Inglés, que contaba con otro equipo formado en su mayoría por cubanos. Había otro más denominado "Los Piratas", subvencionado por cubanos exiliados, entre los cuales destacaba Guillermo Solís, importante accionista de El Encanto de La Habana y del de Madrid, establecido éste en la calle Fuencarral, cuya vida no fue muy larga al no tener el éxito que se esperaba.

       El Centro Cubano de España contribuyó en gran medida a la difusión de este deporte en España aunque siempre fue minoritario. En las secciones de deportes de los periódicos españoles es raro encontrar alguna referencia al béisbol. En las vitrinas del Centro se encuentran cinco trofeos (copas) ganadas por nuestro equipo en otros tantos torneos, algunos disputados en Vigo y Gijón. Enrique siempre acompañó al equipo y más de una vez de su bolsillo sacó dinero para resolver dificultades económicas perentorias del mismo. De esto a él no le gusta hablar.

 

(VI)

 

       La primera parte de esta colaboración no tiene relación alguna con la historia del Centro Cubano de España pero sí la tiene con Cuba. Por considerar de cierto interés la anécdota que voy a referir quiero dedicarle a la misma unas líneas.

       Como sabemos, la diáspora del pueblo cubano se inició el mismo 1° de enero de 1959 y todavía continúa. En cualquier lugar de este planeta uno puede encontrarse sorpresivamente con un cubano no partidario del régimen castro-comunista, condición sine qua non, al menos en lo que a mí respecta, para poder intimar con el mismo.

       Pasando varios días de mayo de 2002 en Dublín, capital de la República de Irlanda (Eire), donde residen mi nieto, mi hija y mi yerno, una tarde la dediqué a recorrer la calle en que vivían, barrio de Ballsbridge, en la cual tienen su sede estas embajadas: Italia, Gran Bretaña, Israel y EE.UU. Después de pasar la de U.S.A. (su protección exterior se limitaba a un solo policía paseando por la acera), a unos cien metros me topé con un pequeño y antiguo edificio (son abundantes en Dublín) en cuya fachada había un letrero con este texto: BELLA CUBA, CUBAN RESTAURANT. Sin pensarlo dos veces, subí al Restaurant (está en la primera y única planta alta) por su algo angosta escalera. Me encontré con un pequeño y coqueto comedor con unas quince mesas, abundantes fotografías de Cuba en sus paredes y ambientado con buena música cubana. Pregunté por el dueño o gerente, y de la cocina surgió un apuesto caballero de unos cuarenta y pico años que dijo ser el propietario. Me presenté, y luego lo hizo él: Juan Carlos González, nacido en Cienfuegos, de padre español (de Zaragoza), casado con Larisa, ucraniana, con dos hijos, uno de los cuales estaba presente ya que trabaja en el Restaurant. Juan  Carlos había estudiado ingeniería en la URSS donde se había casado con Larisa, regresando a Cuba en 1987. En Dublín residen desde 1994, año en que lograron irse de Cuba. Tuve el placer de conocer a su elegante y guapa esposa que participó en la agradable charla. Por cierto, habla un español excelente, mejor que muchos cubanos. Me dio una gran alegría encontrar a esta familia cubana–ucraniana en Irlanda, país que no guarda semejanza alguna con la Perla de las Antillas, y donde la presencia de cubanos –según Juan Carlos- es escasísima.

       Por si usted, lector amigo, algún día viaja a Dublín, anote estos datos de la BELLA CUBA: 11 Ballsbridge Terrace, Dublín 4. Tel/Fax: 01 6605539. Website: www.bella-cuba.com. Opening  Hours: Dinner 5:30 p.m. – 11 p.m.. 7 Days.

       Si usted se decide a visitar la hermosa Eire, hágalo preferentemente en el verano. No se olvide de llevar un buen paraguas –llueve mucho- y la cartera bien forrada de euros. La vida es más cara que, por ejemplo, en España. No se arrepentirá. El vuelo sólo dura un par de horas.

       Paso ya a contar algo más de nuestro Centro Cubano. De todos los presidentes que ha tenido, 12 en total, incluyendo al actual, Alfredo Llorente y Morán, el más conocido –no el más popular- fue Julio Lobo Olavarría. Como no lo traté personalmente –sólo lo vi tres o cuatro veces en el Centro-, para poder ofrecer una breve semblanza de su persona y algo de su vida, recurrí al testimonio de algunos de mis amigos/as residentes en Madrid, cuya identidad me reservo, que lo conocieron y trataron de cerca. Su figura fue bastante controvertida. Sus detractores superan con creces a los que lo defienden. De él dicen que era bastante ambicioso, tacaño, marrullero, severo y despiadado con sus empleados y subordinados, y algo mujeriego. Yo digo: quién no tenga ninguna de estas “virtudes” que levante la mano. Sinceramente, yo no podría hacerlo... Sí coinciden unos y otros en que era un hombre inteligente, sagaz y culto. El Centro durante su presidencia (1966-1971), también sostienen, vivió sus mejores años. Su figura era respetada en todos los foros españoles: políticos, económicos y culturales. En el mundo de los negocios, principalmente en el azucarero, era muy conocido e influyente. Se decía que era la persona que más sabía del mercado azucarero en todo el orbe. En una ocasión su fotografía apareció en la portada de la revista Time.

       Sus padres no eran cubanos. Don Heriberto, hijo de un judío alemán de apellido Wolf, se había establecido en Venezuela, y casado con Doña Virginia Olavarría, perteneciente a una distinguida familia venezolana. Según mis fuentes, Julio nació en Curaçao, Isla de las Antillas Holandesas, aunque siempre se sintió y consideró tan cubano como el que más y desde su llegada a España puso mucho empeño en que se fundara un Centro Cubano en Madrid, lo que debemos agradecerle. Claro está que sus intereses personales siempre primaron sobre los del Centro, como primarían los de la inmensa mayoría llegada esa disyuntiva.

       Sus hermanas Helena y Leonor y su hermano Jacobo sí nacieron en Cuba. Fallecieron hace muchos años. En primeras nupcias se casó con la gran belleza cubana María Esperanza Montalvo y Lasa, hija del Coronel Montalvo.

       Tuvieron dos hijas: Leonor y María Luisa, que hace poco falleció en Miami, muy discutida por sus viajes a Cuba con la pretensión de reclamar los bienes de su padre, aunque tiene el gran mérito de haber hecho unos excelentes libros sobre la cultura cubana. Leonor reside en Miami.

  

(VII)

 

       Como la brevísima biografía de Julio Lobo Olavarría quedó inconclusa en mi colaboración anterior, me apresto a finalizarla en la presente.

       En su mansión de las calles 11 y 4 del Vedado tenía la colección más completa de cuadros de Sorolla que había en Cuba y una de las mejores del mundo, además de otras valiosas pinturas, así como la más completa colección privada de Napoleón, incluyendo una muela, un orinal y algunos muebles.

       Otra de mis estimadas fuentes dice de él que, a pesar de ser seco y frío, le encantaban las mujeres guapas (a mí también), en especial las actrices de Hollywood. Entre sus amistades se contaron Esther Williams, a la que invitó a Cuba, Bette Davis y Merle Oberon. En segundas nupcias se casó con Hilda Kruger, actriz alemana, cuyo matrimonio duró poco tiempo.

       Sus relaciones con la Revolución fueron bastante cordiales en los primeros tiempos. De la grandiosa obra de Juan Clark “Cuba, Mito y Realidad” transcribo lo siguiente: “en marzo de 1959 Julio Lobo entregó a Rufo López Fresquet, ministro de Hacienda, $450,000 como anticipo de los impuestos a las utilidades, manifestándole al ministro su deseo de cooperar con el proceso revolucionario”.

       Falleció en Madrid el 30 de enero de 1983, siendo enterrado en la Cripta de la Catedral de La Almudena, en la misma tumba en que reposaban los restos de su cuñado Mario Montoro Saladrigas (1894-1974) y de su hermana Helena, viuda de Montoro (1901-1979). Julio había nacido el 30 de octubre de 1898. La lápida, además del usual R.I.P., sólo tiene esos datos.

       La misma fuente hace grandes elogios de su hermana Helena: mujer culta, de gran corazón y muy generosa, que en Cuba había sido Presidenta de la Liga Contra el Cáncer, y en Madrid Presidenta de la Beneficencia Cubana, institución desaparecida hace bastantes años.

       A su entierro sólo asistieron seis personas: sus dos hijas, un yerno, Ramón Estapé, Roberto Fernández Riaño y Enrique Tous.

       Este cronista suele visitar esa cripta porque su consorte es muy devota de Nuestra Señora de la Flor de Lis que allí tiene su venerada imagen.

       Confieso que esas visitas no me agradan mucho al tener que caminar con precaución para no pisar las tumbas, y por su ambiente algo tétrico, aunque reconozco que la Cripta es el complemento perfecto de la majestuosa Catedral de La Almudena y merece ser visitada.

       De la familia Lobo sólo conocí a su sobrina Virginia (Beba) Lobo y Menocal, hija de su hermano Jacobo. Beba vive en Costa Rica.

       Desde marzo del pasado año 2001 es la viuda de Earl J. Williamson, irlandés-americano, buen amigo de Cuba, al cual el narrador conoció y trató en Madrid en la década de los 60.

Julio Lobo Olavarría, aunque no había nacido en Cuba, en mi modesta opinión, fue un buen cubano. En la biblioteca del Centro figura su retrato al óleo. ¡Que en paz descanse!

       Aunque trato de ajustarme al “guión”, a veces no lo logro porque se me va el bolígrafo a otros temas, aunque casi siempre están relacionados con Cuba, como sucede con los que paso a relatar.

       El suegro de Enrique Tous, es decir, el padre de Yolanda, era don Luis González, uno de los dueños de la tienda de caballeros “Le Grand Paris” (el otro propietario era su hermano Oscar), sita en la calle Belascoaín de La Habana, entre San Rafael y San José. Los hermanos González eran asturianos de Gijón. Fallecieron en Cuba.

       Pues bien, en “Le Grand Paris” trabajaba un cubano flaco, calvo, muy simpático y buena gente, que durante una época hizo reír a muchos cubanos. Su nombre era Agapito, que con Timoteo formó una pareja de grandes cómicos como las formadas por Chicharito y Sopeira, y Pototo y Filomeno. Creo que en estos 43 y pico años de tiranía, Cuba no volvió a dar cómicos como los mencionados. Hay una triste realidad y es que el buen humor y la alegría también se fueron de Cuba. Agapito lo hizo en la década de los años sesenta por España. En Madrid trabajó con Enrique en su oficina de la Gran Via. Después, como tantos otros, se fue para U.S.A. Allá por la década de los 70, invitado por mi hermano Gerardo pasó con nosotros una semana en Puerto Rico. Lo tratamos como se merecía: a cuerpo de rey. Agapito falleció en New Jersey donde vivía. En el exilio también fallecieron los otros grandes cómicos citados.

       El otro exiguo relato a mí concierne. Mi vida, como la de buena parte del género humano, ha sido –lo sigue siendo- anodina, rutinaria, vulgar, sin apenas hechos o sucesos dignos de recordar, aunque hay unos poquitos que siempre tengo presentes. Uno es cuando salí de Cuba por última vez, lo que tuvo lugar el 30 de junio de 1961en el “Covadonga”.

       El 10 de julio de 2002, se cumplieron exactamente 41 años de mi desembarco en La Coruña. Mis compañeros de travesía eran variados, con predominio de monjas y sacerdotes. ¿Qué habrá sido de los que conmigo embarcaron en el “Covadonga” en el puerto de La Habana y diez días después desembarcaron conmigo en el puerto de La Coruña?

       Todos pensábamos que el regreso sería pronto. Sin comentarios...

 

(VIII)”

 

       La mayoría de mis lectores está formada por familiares, amigos y conocidos, por lo cual sus críticas suelen ser parciales, es decir, favorables a lo que escribo, especialmente las procedentes de las féminas donde tengo el grueso de mis fans. Aquello de que soy un escritor de vía estrecha, un aprendiz de narrador –es la verdad- les importa un bledo y esperan como agua de mayo –es un decir- todas mis “creaciones”, por lo que les estoy muy agradecido.

       Quiero resaltar que no sólo escribo en la Página WEB del CCE pues me he “especializado” en enviar misivas a las Secciones de Cartas al Director de algunos periódicos españoles y del Diario Las Américas de Miami, tratando casi siempre el tema cubano. Desde que empecé a hacerlo en 1997 han sido publicadas algo más de un centenar, aunque la mayor parte de las remitidas no llegaron a ver la luz del sol. Ese año también comencé a redactar algo parecido a unas memorias –las mías, por supuesto- que he dividido en dos partes:

       “Recuerdos y Añoranzas” y “ORC y CIA” que no sé cuándo las terminaré y el tiempo apremia. Esto de escribir, ya en la senectud, se ha convertido en mi hobby preferido. ¡A la vejez, viruelas!

       Como he hecho referencia a mis lectoras, lamentablemente tengo que decir que la más leal y entusiasta falleció el 10 de agosto de 2002 en Madrid donde residía con su hija María Teresa (Tessie), otra de mis queridas lectoras, desde que salieron de Cuba hace 41 años. Se trata de la señora Justa Josefa Bouza Goas, viuda de don Luis Argüelles Álvarez, socio fundador del Centro Cubano de España, fallecido hace trece años. Ambos habían nacido en Cuba, de ascendencia gallega y asturiana respectivamente. A Justa Josefa (tenía 96 años y 5 meses cuando falleció) no tuve la fortuna de conocerla personalmente aunque sí hablamos por teléfono varias veces. Tenía una voz armoniosa, una mente lúcida y una memoria fabulosa. Se acordaba de aquella inolvidable Habana con todo lujo de detalles y se deleitaba contándolos. Para los que no tuvieron la dicha de conocer La Habana de entonces, puedo decirles que era una de las ciudades más bellas, elegantes, alegres y prósperas de todo el mundo.

       Se me olvidaba decir que cuando Tessie leyó mi Colaboración anterior me llamó emocionada para decirme que en aquel viaje del “Covadonga” en que salí de Cuba también venían ella y su padre, y que su mamá lo hizo en octubre del mismo año (1961) en el “Guadalupe”. Tessie recuerda algunos compañeros de travesía: Mirta Suárez Palencia y Ricardo Brage Varela, socio del Centro Cubano.

       Muy unido a la familia Argüelles –Bouza ha estado Antonio (Tony) Ferreiro González, uno de los más veteranos socios del Centro. Tony es un entrañable amigo mío desde hace casi cincuenta años pues fuimos condiscípulos en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. El próximo año se cumplirá medio siglo de nuestra graduación. Durante muchos años Tony y su hermano Santiago, también socio del Centro, tuvieron el comercio “Almacenes Ferreiro”, dedicado a mercería, en la Plaza Pontejos de Madrid. En la calle Muralla de La Habana su padre tenia un negocio de tejidos: “Hermanos Ferreiro y Cía.” Santiago (fallecido en Madrid el 29 de marzo de 2006) y su señora Olga Rodríguez Varela son lectores de mis escritos y al parecer no les desagradan. Tanto Tony, como Santiago y su esposa, son cubanos de ascendencia española. Hermano de Olga era el gran periodista Nelson Varela, fallecido en Miami hace pocos años. Uno de los grandes cronistas deportivos que dio Cuba, de la escuela del gran Eladio Secades.

       Aunque los hermanos Ferreiro nunca ocuparon cargos directivos en el Centro Cubano de España, creo que merecen ser mencionados en esta sucinta historia, ya que en momentos de crisis de nuestra asociación siguieron siendo fieles a la misma y no la abandonaron como hicieron otros.

       De esa clase de socios de a pie, un caso especial es el de Higinio González Mayo al no ser un cubano exiliado pues ya se encontraba en España antes de 1959 con negocios florecientes: principal accionista de Minas de Carbón de Narcea, del Hotel Comodore de Madrid, de Pepsicola de Asturias, de Pepsicola de Sevilla, etcétera. Higinio hizo importantes contribuciones económicas al Centro Cubano. Siempre respondía con largueza a las peticiones, llegando en ocasiones a la entrega de 50.000 pesetas, cantidad importante para la época. De esto pueden dar fe Roberto Fernández Riaño y Jesús Carrasco González. Por cierto, cuando Carrasco llegó a España de inmediato empezó a trabajar en Pepsicola de Asturias. González Mayo falleció hace años. Fue un gran cubano.

       De aquellos cinco animosos cubanos que iniciaron y finalizaron las arduas gestiones para lograr el O.K del Gobierno de España y poder así establecer legalmente nuestra institución, me falta decir algo de Manzarbeitia, Arenas y Arruza.

       A Julio Lobo Olavarría lo sucedió en la Presidencia Jesús Manzarbeitia Gurruchaga durante el período 1971-1973.

       Cubano de padres vascos, fue uno de los pioneros del exilio en España. En 1959, 1960 y primeros meses del 1961 no eran muchos los cubanos que se encontraban en España. La afluencia mayor comenzó a partir del desastre de Playa Girón. En aquel tiempo era notoria la presencia en Madrid de partidarios de Fulgencio Batista que, por cierto, nunca fueron discriminados por los que no lo eran. El enemigo común a combatir era Fidel Castro y su régimen. Yo conocí y traté en Madrid a algunos de esos batistianos (bastantes se hicieron socios del CCE desde un principio) de los que siempre tuve una buena opinión.

       De Cuba había salido con su esposa Conchita Yebra y su pequeño hijo Cosme que con el tiempo llegaría a ser un gran cirujano en Estados Unidos especialista en trasplantes de hígado. Hermano de Conchita era Julio Antonio Yebra, médico pediatra, fusilado en 1961.

       Desde su llegada a España, Jesús hizo todo lo que estaba a su alcance para combatir la tiranía castro-marxista. En su piso de Madrid, por ejemplo, se reunía la Delegación en España del Consejo Revolucionario Cubano presidido por Tony Varona en EE.UU. En aquellos primeros años del exilio consiguió bastantes ayudas económicas de cubanos y españoles, la mayoría anónimas, para ayudar a los que llegaban por Barajas con una mano delante y otra detrás, manida frase pero ajustada a la realidad.

       Era muy cubano. Cuando su madre falleció en Madrid, sobre el féretro echó un puñado de tierra que había traído de Cuba. La festividad de Santa Bárbara la celebraba por todo lo alto la noche del 3 al 4 de diciembre con cena y baile a la que asistían muchos de sus amigos. A la Virgen la colmaba de flores y velas.

       Jesús fue un empresario exitoso tanto en Cuba (Manzarbeitia y Cía) como en España (Coprimar), dedicado a la distribución y venta de Whisky y licores de conocidas marcas.

       Divorciado de Conchita, contrajo nuevas nupcias con Marta Pujol, distinguida dama cubana al igual que Conchita.

       Hace unos ocho años se trasladaron a Miami donde fijaron su residencia. Conchita lo hizo unos años después. Así está más cerca de su hijo. Desde Madrid reciban un cordial saludo.

  

(IX)

 

       No creo que hubiera muchos cubanos paseando por el Viejo Mundo en el verano de 1939. Sí lo hacía el matrimonio formado por Adolfo Fernández Arenas (Adolfito Arenas) y Carmen Gómez Mena. Recorrían Europa en un lujoso automóvil de su propiedad conducido por un chofer español. El estallido de la II Guerra Mundial los sorprendió en Austria y de inmediato regresaron a Madrid, y tan pronto pudieron embarcaron para Cuba.

       En aquel entonces el narrador –un servidor- vivía en La Coruña. Estudiaba para presentarse al examen de ingreso que, de aprobarlo, daba acceso al Bachillerato; aprendía a jugar al fútbol, y ya le había echado el ojo a una coruñesa. En mayo de 1948 regresó a La Habana donde había sido engendrado. Había cumplido 19 años y era un presumido señorito español con abundante y hermosa cabellera.

       Adolfito Arenas desde muy temprano combatió la tiranía cubana. Había salido de Cuba para EE.UU. antes de Bahía de Cochinos. En la gran nación americana reunió más de 100.000 firmas denunciando la violación continuada de los derechos humanos que se estaba produciendo en Cuba, documento que presentó en la Cámara de Representantes en Washington.     Ya en España siempre estuvo al tanto de cualquier violación de esos derechos, de las atrocidades que cometía la tiranía para denunciarlas. Fue el primer Tesorero del Centro Cubano, y mientras vivió en España siempre formó parte de su Junta Directiva.

       Yo lo conocí en 1964 al ocupar la dirección de la ORC (Oficina de Recepción a Cubanos) en la cual prestaba mis servicios desde hacía un año. Adolfito sustituía a José Marcos Cabezón (Pepito Cabezón) otro buen cubano acreedor de unas líneas. En Cuba había sido uno de los socios de aquella famosa ferretería que había en la calle Reina de La Habana: Feito y Cabezón. Era un gran personaje: intrépido, inteligente, cordial, buen amigo, espléndido y con un gran don de gentes. Físicamente no era un tipazo: más bien menudo, de baja estatura y flaco, pero bien parecido. En ese mismo año de 1964 se trasladó para USA con su esposa Sara y su pequeña hija. Allí falleció poco tiempo después.

       Hasta 1965 la oficina de la ORC estuvo en los altos de la Cafetería Berlín, en la calle Jacometrezo de Madrid. Como el sube y baja de tantos cubanos perjudicaba el normal funcionamiento del edificio, hubo que buscar otro local, lo que no era fácil de encontrar pues nadie quería alquilarnos una oficina. En la calle General Sanjurjo No. 47 (hoy José Abascal) había un gran edificio con unos pisos fabulosos, uno de los cuales estaba desocupado. Ese edificio era propiedad de los herederos de don José Gómez Mena, uno de los hombres más ricos de Cuba, y para allí nos trasladamos. El alquiler mensual era mucho más reducido del que regía en el mercado madrileño de alquileres. Ese hermoso edificio fue vendido posteriormente y durante bastante tiempo estuvo vacío. Más tarde lo adquirió la cadena hotelera NH y en la actualidad allí radica el Hotel NH Abascal de 4 Estrellas. Adolfito Arenas, mi superior durante varios años, era un caballero elegante y distinguido, con un cierto aire de galán otoñal. Tal vez algo frío  y distante, pero cordial. Era un cubano singular: nunca le oí hablar de mujeres, tema de conversación tan grato para la inmensa mayoría de los cubanos, ni contar un chiste. No tenía nada de frívolo. Su función en la ORC, como figura prestigiosa del exilio en España, era más bien de relaciones públicas, aunque sabía hacer uso, cuando era necesario, de su autoridad tomando decisiones en todo lo que afectaba al buen funcionamiento de la ORC, oficina que dejó de existir en octubre de 1973. Dos años antes –en noviembre del 1971- yo había volado para Puerto Rico con mi familia.

       De Carmen Gómez Mena no puedo decir mucho porque sólo la traté superficialmente. Sí me pareció una dama amable, discreta y sencilla. Este matrimonio jamás hacía ostentación de su bienestar. Adolfito era hijo único, de padres cubanos bien acomodados. Ambos fallecieron en Miami. Tenían una sola hija: Maricarmen.

       He  dedicado bastante espacio a la ORC porque en aquellos años para los exiliados que llegaban a Madrid con planes para pasar a EE.UU., la ORC tenía más importancia que el Centro Cubano de España ya que en nuestra oficina tenían que iniciar la tramitación de la solicitud de su residencia americana. Además algunos/as que formaban parte de su staff pronto se hicieron socios del CCE. La primera fue María Comella Anglada que aparece inscripta con el número 47 como socio numeraria familiar con fecha del 17 de junio de 1966. En la actualidad es la Vicepresidenta Primero de nuestra asociación. En mi opinión es la cubana más conocida en los mentideros del exilio en Madrid.

       Cierro este “capítulo” IX recomendando la lectura de “Todo lo dieron por Cuba” de Mignon Medrano, exiliada desde hace 41 años en EE.UU. Es un fiel testimonio de las trágicas condiciones de la mujer en el presidio político de Cuba. Todos debemos sentirnos muy orgullosos de esas heroínas cubanas.

       Este libro fue publicado en primera edición en enero de 1995 y en segunda edición en abril del mismo año por el Fondo de Estudios Cubanoamericanos de la Fundación Nacional Cubano Americana. Todavía vivía el inolvidable Jorge Mas Canosa, cuya falta se nota más que nunca en la actualidad: era el látigo de todos los que coqueteaban con el sátrapa cubano y su régimen.

Mignon es la esposa de un ilustre cubano: Humberto Medrano.

 

(X)

 

       De los cinco ilustres cubanos que formaron la comisión que realizó todas las gestiones para lograr la autorización de las autoridades españolas y dejar así constituida nuestra asociación, fáltame decir algo de Guillermo Arruza Inchausti, ya fallecido.

       Hay una triste realidad: la gran mayoría de los que salieron de Cuba en la década de los sesenta y primera mitad de los setenta, y que entonces rondaban o superaban los cincuenta años, han fallecido. Así, mi padre murió en Madrid en 1971 y mi madre en San Juan de Puerto Rico en 1983. En 1958 a ninguno le hubiera pasado por la cabeza que sus restos reposarían en otro lugar que no fuera Cuba, en el caso de los que vivían en La Habana en el Cementerio de Colón. En mi opinión esos miles que murieron en otras tierras también son víctimas de la tiranía.       Cuando en el CCE se recibía el Diario Las Américas una de las secciones que yo leía siempre era la de Defunciones en la que aparecían las habidas en el área de Miami con los datos de nombre, apellidos, edad y lugar de nacimiento. Tal vez no sería una idea descabellada hacer una relación con esos datos de los que murieron fuera de Cuba desde el 1 de enero de 1959, en la que incluiría no sólo a los que nacieron en la Isla sino también a los que emigraron a Cuba, como mis padres, y allí vivieron parte de sus vidas. Y yendo más allá a todos los que no volvieron a pisar tierra cubana, independientemente de la edad que tenían cuando abandonaron Cuba. No me hagan mucho caso por estas sugerencias. Como estoy escribiendo el Día de Difuntos hoy me ha dado por la necrología.

       Me estaba olvidando de Arruza. En aquella primera Junta Directiva, constituida en junio de 1966, ocupó el cargo de Tercer Vicepresidente. Hijo de vascos, nació en el Central Jobado donde su padre tenía una farmacia. Estudió el bachillerato en el Colegio de Belén y Derecho en la Universidad de La Habana. Fue un estudiante brillante: Brigadier de su curso en Belén y Premio Ricardo Dolf de fin de carrera en la Universidad de La Habana. Como abogado fue muy competente. A su cargo tuvo la preparación de toda la documentación concerniente a dejar establecido legalmente el CCE. En Madrid fue jefe de personal de El Encanto y letrado consultor de Philips Morris, lo que continuó siendo en Miami donde residió los últimos años de su vida. Ya retirado, su hobby fue la pintura, lo que al parecer hacía bastante bien. Estaba casado con Margarita Solís Hidalgo Gato. Arruza era Caballero de la Orden de Malta.

       Quiero resaltar que a Julio Lobo y a Guillermo Arruza se debe principalmente que muchas figuras relevantes de la vida española pasaran por la tribuna de nuestra asociación. Así lo hicieron Torcuato Luca de Tena, Gregorio Marañón Moya, Guillermo Díaz-Plaja, Blas Piñar, Camilo José Cela, Robles Piquer, el Marqués de Lozoya y Álvaro de la Iglesia. Salvo Blas Piñar creo que ya han fallecido todos. Por cierto, el señor Piñar fue siempre magnánimo con los exiliados cubanos. No les cobraba ni una peseta por las consultas legales que le hacían y lo mínimo por sus servicios notariales. Como su nombre desde hace muchos años es ignorado totalmente en los medios de comunicación, muchos españoles creen que ya ha fallecido. Y si por casualidad lo mencionan es para denigrarlo. Las alabanzas las dedican esos medios a otros personajes como, por ejemplo, a Santiago Carrillo.

       Dedico el final de este “capítulo” a José Baños, emigrante español residente en la provincia de Oriente al triunfo de la Revolución. Fue uno de los primeros que formó una guerrilla con antiguos miembros del Movimiento 26 de Julio en la segunda mitad de 1960. Capturado con parte de su gente fue condenado a muerte. Enrique Canto, cónsul honorario de España en Santiago de Cuba, le salvó la vida a cambio de ser expulsado de Cuba deportándolo a España. Canto fue un gran cubano. Desde su posición de cónsul honorario ayudó a muchos en aquellos años de terror. Que en paz descanse.

       Al crearse el CCE, Baños es designado administrador en el local de la Plaza de Santa Bárbara.          Al tener diferencias con el señor Lobo –muchos las tenían- dura poco tiempo como administrador, y pasa a ser cobrador de la institución, labor que realiza a plena satisfacción de la Junta Directiva. A principios de los años setenta se traslada a EE.UU. Parte de su equipaje la forma una máquina de hacer churros. En New York abre una churrería con mucho éxito. Como a la inmensa mayoría de los que desde España partieron para USA, a Baños pronto se le perdió la pista. ¿Vivirá todavía? Si así es, ¿dónde estará, qué hará? José Baños también forma parte de la historia del Centro Cubano de España y se merece estas líneas.

(XI)

 

       Virgilio Remos fue uno de los diez vocales de la primera Junta Directiva. En el Registro de Socios figura con el número 15 con la categoría de Vitalicio. Vivía entonces –junio de 1966- en la Avda. General Perón de Madrid. Mi domicilio estaba en aquellos años en la calle Donoso Cortés, algo más modesta. Mi número en el Registro era el 145 y la categoría de Numerario Individual.

       A Virgilio no lo conocí ni de vista. Sólo de oídas. Por cierto, siempre haciendo muchos elogios del mismo. Al triunfo de la Revolución era el Cónsul de la República de Cuba en Vigo. Diplomático de carrera, no era un improvisado ni un incompetente, ni tampoco un “botellero”.         Ese Consulado tenía bastante trabajo pues de Vigo zarpaban muchos barcos para La Habana y a su regreso hacían escala en ese puerto gallego. ¿Hasta cuándo se mantuvo en el cargo? Algunos dicen que hasta 1962.

       Mientras no renunció, ayudó a muchos exiliados prorrogando sus pasaportes, haciéndoles otros nuevos, etcétera. Falleció el 14 de abril de 2004. Fue un buen cubano y un gran ser humano.

       Casado con Mirta Sirgo, un hijo y dos hijas son sus descendientes: Juan J., médico en Miami; Ana, escritora y periodista, también en Miami; y María Marta que, con su esposo Juan Romero, reside en Madrid. Al parecer, éste fue en alguna época socio del CCE. Romero, como otros muchos, estudió en el Colegio de Belén. Y a propósito de este famoso centro de enseñanza, un buen amigo mío, ex alumno del mismo, dice que en Belén estudiaba la crema y nata de la juventud cubana, principalmente de la habanera. Yo no estoy muy de acuerdo con su opinión pues producto de Belén, es uno de los tiranos más crueles de la Humanidad. O sea que de nata y crema nada. No se puede generalizar nunca.

       Hermano de Virgilio es Ariel Remos, prestigioso columnista del Diario Las Américas de Miami. De sus colaboradores es uno de mis preferidos. Su padre fue Juan J. Remos, eminente intelectual cubano que durante el gobierno constitucional de Fulgencio Batista (1940-1944) fue Ministro de Educación. A él se deben importantes cambios que se hicieron en el Bachillerato.

Cuando se escribe del exilio siempre sale a relucir Miami. Es rarísimo que los que vivimos en España no tengamos en esa ciudad algún familiar, amigo o conocido.

       Edmundo Ramos, veterano socio del Centro Cubano de España, y de los pioneros del exilio en Madrid, en mi opinión es acreedor de unas líneas en esta breve historia. En el Registro de Socios aparece con el número 96 y con la categoría de Numerario Familiar. Vivía entonces en la calle Marqués de Urquijo de la capital de España. Allí le conocí a mediados de 1966. Natural de Fermoselle, provincia de Zamora, emigró a Cuba en 1952 reclamado por su tío Ángel Luelmo Lozano. Había nacido en 1932. Se estableció en Santiago de Cuba donde residía su tío. Allí conoció a Margot, natural de Puerto Padre, de ascendencia española, que pronto pasaría a ser su esposa.

       Edmundo ha sido un exitoso hombre de negocios en España. Durante muchos años fue propietario de la mueblería Comercial Ramos en el barrio madrileño de Argüelles. Aunque nacido en España siempre se sintió muy cubano. Siempre ha sido un entusiasta defensor de la existencia del Centro Cubano de España. Sería un triunfo apoteósico para la tiranía que desapareciera nuestra institución o cayera en sus manos, la más prestigiosa de España y de Europa, al representar la verdadera Cuba, la Cuba eterna, no la castromarxista.

       Siempre ha sido muy espléndido con el CCE. Ha hecho donaciones en especie al CCE, principalmente de artículos que vende su empresa, como almohadas y cojines, que son rifados en algunas de las actividades de nuestra asociación para recaudar fondos, de los cuales no ha estado nunca muy sobrada. Desde hace siete años es vocal de la Junta Directiva a la que donó un ordenador. Alguien lo propuso para Presidente, honor que rechazó alegando como principal motivo no ser cubano de nacimiento. Yo creo que hubiera sido un buen Presidente. Lo del lugar de nacimiento no es tan importante.

 (XII)

 

       El título de esta breve historia tal vez debería incluir… “y del Exilio en España” dado que algunos personajes, sucesos y anécdotas que aquí aparecen no tienen relación con nuestra asociación pero sí la tienen con el exilio, especialmente con el de la década de los años 60. Como ya es un poco tarde para hacer cambios, dejemos el título como está.

       En aquella década los exiliados residentes en Madrid con escasos recursos económicos (eran muchos; se llegaba sin un kilito prieto en los bolsillos), para buscarse la comida, si no conseguían un trabajo fijo medianamente remunerado, hacían diversas labores: repartían guías de teléfonos; limpiaban parabrisas en los semáforos (de aquellos tiempos añoro, entre otras cosas, mi flamante, SEAT 600 D; yo era un “privilegiado”); cargaban y descargaban mercancías en el mercado de Legazpi; y actuaban como extras en películas que aquí se rodaban: 55 Días en Pekín, El Cid, La Caída del Imperio Romano, etcétera. Esto del cine me vino a la memoria las pasadas Navidades al ver en televisión, una vez más, El Cid.

Quiero aclarar que la frase “para buscarse la comida” es en sentido coloquial, pues ni un solo cubano pasaba hambre en Madrid. Habían dos comedores de Auxilio Social, uno en la calle Santa Catalina nº.7 y otro en la calle Canarias nº.5, en los cuales se podía almorzar y cenar. Algunos de aquellos “comensales” todavía viven en España y en Estados Unidos y pueden dar fe de lo que afirmo.

       Destacado extra de cine fue Rodolfo Armand Borrego, premio Ricardo Dolf (el más alto galardón) de fin de carrera en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana. Armand siempre estuvo muy unido al Centro Cubano de España desde su fundación. En el Registro de Socios tiene el número 56 y la categoría de Numerario Individual. Fue presentado por los ilustres Adolfito Arenas y Enrique Tous. Por cierto, ambos tienen el récord de presentaciones de nuevos socios. Un servidor también fue avalado por ellos. Rodolfo simpre vivió en un hotel sito en la calle Hortaleza nº.3. Dotado de una gran memoria, conocía la vida y milagros de muchos de los exiliados residentes en Madrid. Su especialidad como extra fue la de romano y como tal actuó en La Caída del Imperio Romano. Para poder trabajar como extra tuvo que afiliarse al sindicato español correspondiente a ese gremio. Se dedicaba además a la venta de pasajes y a la compra-venta de sellos y monedas, actividad ésta que realizaba algunos domingos en la Plaza Mayor. Vivía bastante bien. Fue uno de los cubanos más conocido y estimado en los círculos del exilio en la capital de España. Falleció hace bastantes años.

     A Jesús Manzarbeitia le sucedió en la Presidencia Manuel F. Goudie y de Monteverde durante el período 1973-1975. Aparece inscripto en el Registro de Socios con el número 18 y la categoría de Vitalicio. En la primera Junta Directiva ocupó uno de los cargos de Vocal. Es uno de sus fundadores. Residía entonces en la calle García de Paredes nº.63. Mientras vivió en España fue uno de los puntales de nuestra institución. Goudie había sido el oficial más joven del Ejército de Cuba. Cuando se produjo el levantamiento de los sargentos y cabos (4 de septiembre de 1933), encabezado por Fulgencio Batista, él y otros 300 oficiales se refugiaron en el Hotel Nacional ofreciendo una breve pero sangrienta resistencia. Durante varios meses estuvo preso en el Castillo del Príncipe pasando luego al exilio en Miami. Si el líder de aquel levantamiento hubiera sido Fidel Castro, todos los que se refugiaron en el Hotel Nacional hubieran sido fusilados con el beneplácito de su hermano Raúl y del Che Guevara. Es mi opinión.

       Durante su estancia en EE.UU consiguió la representación de una concretera (hormigonera), y a su regreso a Cuba montó una en La Habana. Cuando llegó a España montó una gran planta hormigonera. Las que aquí habían eran muy pequeñas. En Brasil tuvo otra. Con sus concreteras hizo una gran fortuna en el exilio.

       Físicamente era un atleta: alto y fuerte. En su juventud había sido un gran jugador de fútbol americano en La Habana. Militar de carrera, había obtenido las más altas calificaciones de su promoción. Era culto, de buen corazón y muy desprendido. Todos los que le trataron hacen elogios del mismo. Lamento no haberlo conocido pues de esta clase de seres humano trato de aprender lo más posible.

       Cuando se estaba preparando la invasión de Playa Girón, fue el principal consejero militar de los americanos. Por diferencias de criterio renunció a ese cargo. A mi entender, ni Ronald Reagan ni el actual Presidente Bush hubieran abandonado a los patriotas cubanos. Habrían sido ayudados hasta lograr la victoria, y hoy no estaríamos nosotros aquí.

       Casado con la señora Teresa Pujals, de su matrimonio tuvieron varios hijos –creo que fueron ocho-, uno de los cuales, Manolo, al parecer reside en Madrid. Un primo de Teresa, del mismo apellido, pasó casi treinta años en las prisiones castro-comunistas.

Como tantos otros también partió para Estados Unidos fijando su residencia en Miami donde falleció hace algunos años.

       A Goudie le gustaba jugar al dominó lo que solía hacer con otros socios en nuestra sede. Era un buen jugador aunque algo mal perdedor (Enrique Tous dixit), hasta tal punto que a veces se enojaba consigo mismo lanzando las fichas por la ventana más próxima aunque su derrota no fuera por pollona.

       Este juego de mesa, tan popular en Cuba, tuvo mucho auge en el Centro Cubano de España. En sus mejores tiempos habían seis mesas destinadas al dominó. Allí  jugaban Eduardo González, “El Baby” Álvarez, Joaquín Aristigueta, Francisco (Paco) Ventosa, Gabriel Fernández, Luis Muñiz, Hugo Cruz, Ulises Bonachea, José (Joselín) Pérez, Faustino García, Emilio Riera, Esteban Zorrilla, Jesús Manzarbeitia (fallecido en Miami el 22 de septiembre de 2007), Ramón Somoano y Enrique Tous.

  

(XIII)

 

 

       Paso ya a continuar la historia del Centro Cubano de España. A Manuel F. Goudie le sucedió en la Presidencia Enrique Tous Pons (1975-1977). Como de Enrique ya escribí bastante – se lo merecía- me corresponde ahora hacerlo de Roberto Fernández Riaño, su sucesor que ostenta el récord de haber ocupado más tiempo la “poltrona” de nuestra institución: 1978-1980, 1986-1988 y 1992-1996. Escribir de Roberto me resultará más fácil pues tuvo la gentileza de facilitarme algunos datos biográficos suyos e información del Centro de los períodos señalados.

       Lo conocí a fines de 1991 cuando regresé de Puerto Rico. Nos presentó María Comella Anglada. Hicimos buenas migas dado que tenemos algunas cosas en común: nuestro origen asturiano y la coincidencia casi absoluta de nuestra ideología política, principalmente en lo que a la tiranía castrocomunista se refiere, a la que debemos seguir combatiendo con los medios de que dispongamos, en mi caso con el bolígrafo.

       Revisando el Libro Registro de Socios, encontré un asiento con estos datos: No. 708 – Roberto Fernández Riaño- 23 de mayo de 1967- Numerario Individual- Calle Bolivia No. 38- Presentado por B. Rodríguez y L. y A. Larrinaga.

       Roberto nació en San Pedro Ambás, Villaviciosa, Asturias, el 7 de mayo de 1927. En 1929 – tenía 2 años- con sus padres Vicente Fernández Riaño y María Julia Carneado Fernández (muchos Fernández hay en el Principado, ¿verdad?) embarcó para Cuba donde don Vicente tenía negocios y propiedades urbanas. La inversión inmobiliaria era la preferida por la mayoría de los españoles. Mi padre,  por ejemplo,  tenía un montón de casas y locales comerciales alquilados en La Habana. En cambio en España no tenía ni una tienda de campaña.

       Ir para la Perla de las Antillas con dos años de edad no era usual. Se emigraba a partir de los quince años aunque había casos que lo hacían con doce y hasta con diez. Mi buen amigo, Guillermo Alfonso Martínez y Suárez, asturiano-cubano como el que suscribe, nació en enero de 1924 en Peñaullán, Pravia, Asturias y embarcó en el IBERIA (en Lisboa) en mayo de 1938, durante el apogeo de la Guerra Civil Española, con destino a La Habana. (No me resisto a apuntar que en ese mismo barco, en abril de 1939, arribó a Lisboa don Gerardo Fernández Fernández, mi progenitor, que venía a “enterarse” de cómo nos había ido en la guerra. Todavía vivíamos en Grado, donde yo había nacido, no muy lejos de Peñaullán. En agosto de aquel año nos trasladamos para La Coruña y el “viejo” regresó a Cuba.

       Alfonso es miembro de nuestra Junta Directiva. No lo veo desde hace bastante tiempo. Lo tengo en “lista de espera” para incorporarlo a esta historia.

       Con seis meses también fue para Cuba con sus padres María Teresa (Teresita) Vázquez Arias, nacida en Galicia, viuda desde 1979 de Evelio Vicente Alfonso. Ambos trabajaron en la Oficina de Recepción a Cubanos de Madrid. Teresita lo hizo como responsable del Dpto. Consular y Evelio como entrevistador. En el Registro de Socios, Evelio figura con el No. 222, de fecha 8 de septiembre de 1967, categoría de Numerario Familiar, siendo presentado por Adolfito Arenas y Enrique Tous. En la actualidad Teresita reside en Sevilla cerca de su hija María Elena. Los tres salieron de Cuba en 1961. Teresita y María Elena son entrañables amigas nuestras.

       La esposa del Dr. Óscar Gómez Hernández, Rosalía Díaz, con dos años de edad también fue para Cuba con sus padres. Había nacido en Liérganes, Santander. Falleció hace unos años. Q.E.P.D.

       Y con trece meses para Cuba partió con sus papás María Luisa (Marisa) Carreño Huerta, señora de Fernández Catá, nacida en Asturias.

       Hacer con bebés aquellas travesías marítimas tan largas y tan poco confortables era una verdadera odisea. Tanto Marisa, como Rosalía y Teresita siempre se sintieron y consideraron tan cubanas o más que las palmas. Lo mismo que Roberto Fernández Riaño.

 

XIV

 

Como Alfonso era uno de los seleccionados (hay varios seleccionadores) para dedicarle un espacio en esta historia, aproveché una llamada que me hizo para quedar en vemos en el Centro Cubano y charlar algo más de su vida. Así lo hicimos.

Reclamado por su tío don Benigno Martínez Femández, Alfonso fue para Cuba como estudiante. Todavía conserva el salvoconducto autorizando su salida de España (no era fácil entonces) por Tuy, Galicia, viaje que hizo acompañado por un matrimonio cubano de origen asturiano al que sorprendió la Guerra Civil en Asturias.

Su tío tenía en La Habana una vidriera (muy abundantes en la Cuba precastrista­comunista) en la esquina de las calles Neptuno y Escobar, en una parte del local que ocupaba el "Bar Dos Hermanos", propiedad del español Jesús (Suso) Orosa. El principal negocio de aquella vidriera, y al parecer muy lucrativo, era el cambio de cheques, de moneda, etcétera, que conllevaba, como es lógico, un cargo, una comisión. Esas operaciones estaban legalmente autorizadas. Después de pasar un tiempo aprendiendo el negocio, lo que compartía con sus estudios, Alfonso se hizo cargo de la vidriera. Don Benigno tenía absoluta confianza en él.

En aquel Bar el equipo de fútbol del ilustre Casino Español de La Habana celebraba sus victorias y "lloraba" sus derrotas, regadas ambas con abundante cerveza.

Alfonso, su esposa Marta Peláez Escribano y sus dos hijos de 15 y 5 años