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Soneto para no morirme Gastón Baquero
Escribiré un soneto que le oponga a mi muerte |
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EL BRINDIS DEL BOHEMIO Guillermo Aguirre y Fierro
-Yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente |
Brindo porque mis versos cual saetas
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Paisaje espiritual Julián del Casal
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Canción de otoño en primavera
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Otra juzgó que era mi boca Rubén Darío
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LA ROSA AMARILLA
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Amarilla
volviese |
Teman las niñas Juan E. Hartzenbuch |
Para un menú
Manuel Gutiérrez Nájera

Las novias pasadas son copas vacías,
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos... huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!
¡Champán son las rubias de cutis de azalea;
borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos obscuros son vino de Italia
los verdes y claros son vino del Rhin!
¡Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café,
son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té!
¡La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Las copas dejemos...; si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor!
Manuel Acuña
Cuando tu broche apenas se entreabríapara aspirar la dicha y el contento
¿te doblas ya cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a la agonía?
¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que al soplar el viento,
te dejará de nuevo ver el día?...
¡Resucita y levántate!... Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.
Injusto para el sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.
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Carta de Amor José Ángel Buesa (Cuba)
Aquí, sin ti, ya sé lo que es la
muerte,
Quiero que no
se empañe tu mirada, |
Y, sobre todo, lo que quiero y quiero
Aquí llueve y
no importa, pues la lluvia es tan leve
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Una mujer me ha envenenado el alma, otra mujer me ha envenenado el cuerpo; ninguna de las dos vino a buscarme, yo de ninguna de las dos me quejo. |
Como el mundo es redondo, el mundo rueda. Si mañana, rodando, este veneno envenena a su vez, ¿por qué acusarme? ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron? Gustavo Adolfo Bécquer |
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PREGÓN Rafael Alberti
¡Vendo nubes de colores:
las redondas,
coloradas,
para endulzar los calores!
¡Vendo los cirros morados y rosas, las alboradas, los crepúsculos dorados!
¡El amarillo lucero, cogido a la verde rama del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama y el canto del pregonero!
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Nadie fue ayerLeón Felipe
Nadie fue ayer ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios. |
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MARIO BENEDETTI Si pregunta por mí, traza una cruz de silencio en tus labios.
Si pregunta por mí dile que he muerto que he ido al fondo del olvido,
que soy un árbol triste cansado de esperar.
Pero, si pregunta por mí no le des mis palabras cálidas, no le des mi sonrisa triste, no le digas que todavía lloro, que todavía su imagen está entre mis sueños, que quisiera como tantas veces volver en sueños a ese mundo de maravillas Sólo dile que me he ido y no sabes donde. |
Vamos a ver, si la ves pregúntale, pregúntale si su predilecto libro entre las manos me recuerda, pregúntale si sus caricias, que han de corresponder a otro, son de aquel amor que ella me brindaba. Si pregunta por mí, dile que me he ido al infierno.
Pero...no...espera si ves que en sus ojos hay aunque sea un poco de luz para mi, dile, tan sólo dile que venga.
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Nocturno
José Asunción Silva, colombiano
Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
una noche,
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu
sombra,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido de las ranas...
Sentí frío; (era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!)
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristeza y de lágrimas!
FRANCISCO
LUIS BERNÁRDEZ
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José Mª Gabriel y Galán
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II |
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Balada del enamorado José Ángel Buesa Una tarde lejana, El hombre enamorado del amor Fue a recoger, al pie de una ventana, Un beso y una flor.
Abajo estaban ella, La flor, el beso y el atardecer; Pero allá arriba, en la ventana aquella, Se asomaba una sombra de mujer.
Y el alma se le iba Al hombre enamorado del amor; Y sus ojos miraban hacia arriba Al dar el beso y al coger la flor.
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Nunca supo quién era. Nunca la volvió a ver. Pero el perfume de su cabellera Llenó de rosas el atardecer.
Y hoy, al pasar, con la cabeza cana, El hombre enamorado del amor Suspira por la sombra en la ventana Sin recordar el beso ni la flor…
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El arte
Cuando la vida, como fardo inmenso, pesa sobre el espíritu cansado y ante el último Dios flota quemado el postrer grano de fragante incienso; cuando probamos, con afán intenso, de todo amargo fruto envenenado y el hastío, con rostro enmascarado, nos sale al paso en el camino extenso; el alma grande, solitaria y pura que la mezquina realidad desdeña, halla en el Arte dichas ignoradas, como el alción, en fría noche oscura, asilo busca en la musgosa peña que inunda el mar azul de olas plateadas. Julián del Casal
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La felicidad
Un cielo azul de estrellas brillando en la inmensidad; un pájaro enamorado cantando en el florestal; por ambiente los aromas del jardín y el azahar; junto a nosotros el agua brotando del manantial nuestros corazones cerca, nuestros labios mucho más, tú levantándote al cielo y yo siguiéndote allá, ése es el amor mi vida, ¡Ésa es la felicidad!... |
Cruzar con las mismas alas los mundos de lo ideal; apurar todos los goces, y todo el bien apurar; de lo sueños y la dicha volver a la realidad, despertando entre las flores de un césped primaveral; los dos mirándonos mucho, los dos besándonos más, ése es el amor, mi vida, ¡Ésa es la felicidad...!
Manuel Acuña |
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Gustavo Adolfo Bécquer
Yo me he asomado a las
profundas simas
Mas, ¡ay!, de un
corazón llegué al abismo |
Para entonces
Manuel Gutiérrez Nájera
Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca un sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.
No escuchar en los últimos instantes
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.
Morir cuando la luz triste retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde...
Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: soy tuya,
aunque sepamos bien que nos traiciona.
Alfonsina Storni
Grata flor que te destacas
sobre el verde de las hojas,
cual la sangre de una herida,
roja... roja...
Tú parodias esos labios
purpurinos, que entreabiertos
se dirían de caricias
do sedientos
han copiado de tus hojas
el color de su bandera
los campeones avanzados
de la idea.
Y por eso yo te adoro,
bella flor, que de las hojas
sobre el verde, te destacas
roja... roja...
La brisa(Imitación) Manuel Acuña
A mi querido amigo J.C. Fernández Aliento de la mañana que vas robando en tu vuelo la esencia pura y temprana que la violeta lozana despide en vapor al cielo. Dime, soplo de la aurora, brisa inconstante y ligera, ¿vas por ventura a esta hora al valle que te enamora y que gimiendo te espera? ¿O vas acaso a los nidos de los jilgueros cantores que en la espesura escondidos te aguardan medio adormidos sobre sus lechos de flores? |
¿O vas anunciando acaso, soplo del alba naciente, al murmurar de tu paso, que el muerto sol del ocaso se alza un niño en Oriente? Recoge tus leves alas, brisa pura del Estío, que los perfumes que exhalas vas robando entre las galas de las violetas del río. Detén tu fugaz carrera sobre las risueñas flores de la loma y la pradera, y ve a despertar ligera al ángel de mis amores. Y dile, brisa aromada, con tu murmullo sonoro, que ella es mi ilusión dorada, y que en mi pecho grabada como a mi vida la adoro. |
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Madrigal apasionado Federico García Lorca Quisiera estar en tus labios para apagarme en la nieve de tus dientes. Quisiera estar en tu pecho para en sangre deshacerme. Quisiera en tu cabellera de oro soñar para siempre. Que tu corazón se hiciera tumba del mío doliente. Que tu carne sea mi carne, que mi frente sea tu frente. Quisiera que toda mi alma entrara en tu cuerpo breve y ser yo tu pensamiento y ser yo tu blanca veste. |
Para hacer que te enamores de mí con pasión tan fuerte que te consumas buscándome sin que jamás ya me encuentres. Para que vayas gritando mi nombre hacia los ponientes, preguntando por mí al agua, bebiendo tristes las hieles que antes dejó en el camino mi corazón al quererte. Y yo mientras iré dentro de tu cuerpo dulce y débil, siendo yo, mujer, tú misma, y estando en ti para siempre, mientras tú en vano me buscas desde Oriente a Occidente, Hasta que al fin nos quemara la llama gris de la muerte. |
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Nochebuena Miguel Rasch
Nochebuena, tú brindas lisonjeros instantes a las vidas conturbadas; contigo resucitan las pasadas noches en que al orar fuimos sinceros.
Resucitan también nuestros primeros años con sus visiones encantadas; el Niño-Dios, hermano de las hadas, los magos, el pesebre y los corderos.
Mucho de lo esfumado y lo perdido en las brumas del tiempo y del olvido, tu evocadora magia nos devuelve.
Calor de hogar el corazón nos llena, mas la felicidad, pura y serena, de estar todos en él... ésa no vuelve.
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Reproches Juan Ramón Jiménez
Como el cansancio se abandona al sueño así mi vida a ti se confiaba... Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño, te quería dejar… y no acababa...
Y no acababa… ¡Y tú te desasiste, sorda y ciega a mi llanto y a mi anhelo. y me dejaste desolado y triste cual un campo sin flores y sin cielo!
¿Por qué huiste de mí? ¡Ay quién supiera componer una rosa deshojada; ver de nuevo, en la aurora verdadera, la realidad de la ilusión soñada!
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¿Adónde te llevaste, negro viento, entre las hojas secas de la vida, aquel nido de paz y sentimiento que gorjeaba al alba estremecida?
¿En qué jardín, de qué rincón, de dónde rosalearán aquellas manos bellas? ¿Cuál es la mano pérfida que esconde los senos de celindas y de estrellas?
¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese la vida!, ¡Que esta vida fría y vana que me anega de sombra, fuera ese sueño que desbarata mi mañana!
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Una maja
Muerden su pelo negro, sedoso y rizo,
los dientes nacarados de alta peineta
y surge de sus dedos la castañeta
cual mariposa negra de entre el granizo.
Pañolón de Manila, fondo pajizo,
que a su talle ondulante firme sujeta,
echa reflejos de ámbar, rosa y violeta
moldeando de sus carnes todo hechizo.
Cual tímidas palomas por el follaje,
asoman sus chapines bajo su traje